¡POV DE AMAYA! «Podía ver a Fabi con sus manos subiendo y bajando por ambos brazos. Eso era señal de que tenía frío, y es que la noche estaba helada, por eso opté por entregarle su chamarra. Estaba en mi propia casa, dónde podía subir y agarrar cualquiera de mis abrigos, no era justo que él pasara frío por mi culpa. No le di tiempo a que se negara, la coloqué en su mano e inmediatamente me di la vuelta, a varios metros le dije que iría por un abrigo y que ya volvía. Llegué a la habitación y aproveché para hacer pis, seguido salí y agarré uno de los más abrigados, cuando abrí la puerta Darío estaba ahí, intenté salir, pero él me quitó la mano de la puerta y me arrinconó a la pared —¿Cómo que tienes algo con ese mis3rable? —, lo empujé y resoplé. —No tengo porqué darte explicaciones, me

