--- Punto de vista de Alice El sol del atardecer se hundía como una herida abierta sobre el jardín de la mansión, tiñendo el cielo de un naranja sucio que hacía que las palmeras parecieran venas expuestas, listas para sangrar. El aire caldeaba todo, pegajoso y traicionero, y yo salía de la piscina con el bikini rojo ajustándose a mi piel mojada como una segunda piel caprichosa —gotas resbalando por mi espalda, cabello rubio dorado pegado en mechones desordenados sobre los hombros—, dejando un rastro húmedo en el mármol caliente de la terraza trasera. El agua había sido un respiro falso, fresca al principio, pero ahora solo un recordatorio de lo jodida que estaba: el mensaje anónimo aún quemándome el bolsillo del pareo ("La serpiente muerde cerca"), Cristina y Rebeca arriba cambiando par

