**Punto de vista de Alice** Un mes. Treinta putos días de fingir que Dere era solo “el chófer” y yo “la hija obediente”. De día: él manejando el Rolls de papá, yo saliendo a pasarelas con el primo de Dere (un tipo serio que no me miraba ni el culo). De noche… de noche éramos fuego puro. Y esta noche no era excepción. Entré al penthouse del Setai en Miami Beach, tacones resonando en el mármol, vestido n***o cortito que se me pegaba al cuerpo como una segunda piel, sin bragas porque sabía lo que venía. La suite olía a él: whisky caro, colonia masculina y sexo prometido. Dere estaba sentado en el borde de la cama king size, camisa negra desabotonada mostrando el pecho tatuado, pantalón oscuro, copa de whisky en la mano, ojos oscuros clavados en mí como si ya me estuviera follando. —

