**Punto de vista de Alice** Después de dejar la cena colgando, subí a mi habitación y cerré con seguro. Me tiré en la cama, puse la música otra vez a todo volumen —esta vez Rosalía, “Malamente”, para que retumbara en toda la finca— y me quedé mirando el techo como si ahí estuviera escrito “Alice 2.0: la que no se deja joder”. Dos horas después, la batería del móvil me avisó que ya era más de medianoche. Me levanté, me puse una bata corta de seda encima de la pijama y bajé a la cocina a por agua. La casa estaba en silencio, solo el eco lejano de los grillos. Y ahí estaba él. Dere, sentado en la isla de la cocina, con una botella de agua y la cabeza entre las manos. La luz de la nevera abierta iluminaba su cara cansada, ojeras marcadas, camiseta negra arrugada. Me vio entrar y se endere

