**Punto de vista de Alice** La terraza estaba en llamas de luces cálidas, olor a carne asada, vino tinto y risas que me llenaban el pecho como si nunca me hubiera sentido sola en la vida. Papá y mamá sentados a la cabecera, abrazándome cada dos por tres como si tuvieran miedo de que desapareciera, la abuela Mónica sirviendo más vino con esa sonrisa de “yo lo planeé todo, cabrones”, Teresa y Marta trayendo bandejas de postre que olían a gloria. Y mis chicas —Cristina, Rebeca, Sofía y Julia— gritando, saltando, abrazándome hasta que me dolían las costillas. — ¡Feliz cumpleaños, reina del mundo! —gritó Cristina, levantando su copa tan alto que casi se cae el vino—. ¡Veinte años y más buena que nunca, coño! Rebeca me abrazó por detrás, tetas contra mi espalda. — ¡Te trajimos regalos que te

