**Punto de vista de Alice** Estaba en mi habitación, sentada en la cama con las piernas cruzadas, mirando el techo como si ahí estuviera escrito qué carajos hacer con mi vida. Veinte años. Joder, veinte años y aquí encerrada en esta finca como una princesa en torre, lejos de mis amigas, de las fiestas, de todo lo que me hacía sentir viva. El vestido ligero blanco que me había puesto para la “parrillada” se me pegaba al cuerpo por el calor, cabello suelto cayendo por la espalda, y yo sintiéndome más sola que la mierda. La abuela había insistido en que bajara “cómoda y bonita”, y Teresa no paraba de sonreír como si escondiera algo. Pero yo no tenía humor. Cumpleaños número veinte y lo pasaba con una abuela que me quería como a una hija, una cocinera que me consentía y un guardaespaldas que

