**Punto de vista de Dere** La mansión era un puto caos: policías entrando y saliendo como hormigas, agentes del FBI revisando cámaras de seguridad y rastreando llamadas con caras de “esto es serio”, guardaespaldas nuevos que Maximiliano había contratado para reforzar la casa, todos hablando bajo, revisando mapas, analizando huellas en el accidente. El aire olía a café quemado y a tensión, luces encendidas a todo lo que daban aunque ya fuera de día, y yo en medio de todo, con el pecho apretado como si me hubieran clavado un cuchillo. Maximiliano estaba en su oficina, gritando órdenes por teléfono, cuando me vio pasar. — ¡Ferrel! —rugió, voz como trueno—. ¡Ven aquí ahora mismo! Entré, puerta cerrándose detrás de mí con un clic que sonó como sentencia. Él me miró con odio puro, ojos oscu

