Capítulo 20: Movimientos Peligrosos

649 Words
**Punto de vista de Julián Lombardi** El restaurante privado que reservé en el rooftop del hotel más exclusivo de Miami era puro espectáculo: luces tenues, velas que bailaban en la brisa del mar, una mesa para dos con vista a la ciudad que brillaba como si fuera mía. Yo, Julián Lombardi, capitán del equipo nacional, sabía cómo montar un show. Y esta noche el show era para ella. Alice Salvaterra. Mi reina. La que dejé ir como un imbécil hace años y que ahora volvía a tener al alcance de la mano. La vi entrar y joder… casi se me cae la copa. Vestido rojo ajustado que le marcaba cada curva como si estuviera pintado encima, tacones altos que le hacían las piernas eternas, cabello rubio cayendo en ondas perfectas. Se movía como si el mundo le perteneciera, y yo ya me sentía ganador solo por tenerla ahí. Me levanté, le tomé la mano y se la besé lento, mirándola a los ojos. — Cada vez que te veo, Alice, luces más hermosa. Joder, estás para comerte aquí mismo y repetir postre. Ella sonrió con esa coquetería que me ponía loco, pero sentí que algo andaba raro. Como si estuviera actuando para alguien más. — Julián… siempre tan galán —dijo sentándose, cruzando las piernas para que viera el muslo que asomaba por la abertura del vestido. Pedimos lo mejor: langosta, caviar, champán francés que valía una fortuna. Hablamos de todo y nada: de mis goles, de sus pasarelas en Río, de las fiestas donde nos conocimos. Pero yo iba directo al grano. Tomé su mano sobre la mesa, mirándola fijo. — Alice… quiero hacer esto oficial. Quiero que seas mi novia otra vez. Como antes. Tú y yo, mi reina. Nadie más. Ella parpadeó, y por un segundo vi algo en sus ojos —no amor, sino cálculo. Pero sonrió y dijo lo que quería oír. — Sí, Julián. Acepto. Y me incliné para besarla. Suave al principio, luego más profundo, mi mano en su cintura apretándola contra mí. Sabía a champán y a victoria. Pero mientras la besaba, sentí una mirada quemándome la nuca. El guardaespaldas. Ese hijo de puta tatuado que siempre iba pegado a ella como un perro guardián. Estaba a unos metros, de pie, brazos cruzados, cara de piedra. Pero sus ojos… joder, sus ojos eran puro odio. Y yo sonreí contra la boca de Alice. Porque sabía que lo estaba jodiendo vivo. **Punto de vista de Dere** Estaba de pie en la esquina del rooftop, brazos cruzados, mirando la ciudad como si me importara un carajo. Pero todo lo que veía era a ellos. A Alice sentada con ese vestido rojo que me había tenido loco desde que se lo puso, y a ese hijo de puta de Julián Lombardi tocándola como si fuera suya. Cada risa de ella era una bala. Cada vez que él le besaba la mano o le susurraba al oído, sentía que me iba a explotar la cabeza. Y cuando él dijo lo de “quiero que seas mi novia” y ella contestó “sí”… joder. Sentí que me rompía algo por dentro. Me quedé ahí, quieto, cara de piedra, pero por dentro quería romperle la cara a ese imbécil y llevarme a Alice a rastras. Ella me miró un segundo mientras lo besaba. Solo un segundo. Y vi que lo hacía a propósito. Para joderme. Y lo logró. Porque cuando él la besó más profundo, con la mano en su cintura como si ya la tuviera, sentí que perdía el control. Pero no me moví. No dije nada. Solo apreté los puños hasta que me dolieron los nudillos. Porque yo no era como él. Yo no compraba con dinero ni con fama. Yo la iba a tener cuando ella rogara. Y ese día estaba cada vez más cerca. Fin del capítulo 20
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