105 Mónica, parada contra la enorme ventana de la sala de espera número once del terminal siete del John F. Kennedy, no se perdía detalle del Airbus A300 de Pan American que, lentamente, se aproximaba hasta la puerta que ella habría de utilizar para embarcarse hacia Los Ángeles. Su papá se encontraba tranquilamente sentado a unos pasos de ella en compañía de Sam y Camilo. En realidad parecían loras mojadas, dado que no habían parado de hablar desde que se habían subido a la van que los había traído hasta el aeropuerto. Pensaba en los colores blanco y azul del enorme avión que seguía las instrucciones de un señor que, con unos enormes audífonos y vestido con una gruesa chaqueta café y un chaleco de un verde fosforescente que no hubiese sido recomendado para vestir a alguien con guayabo, le

