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1843 Words
30            Eran  las once y media de la noche, el grupo celebraba en un salón del hotel el éxito obtenido en el concierto. Había comidas y bebidas, sonaba música salsa y disco por los parlantes y el ambiente entre la gente de Los Cuarenta no podía ser mejor. El empresario conversaba animadamente con Silvia, Adriana y Arturo. Andrés y Patricia compartían con Ismael y Juan Carlos, y Esteban y Mónica disfrutaban de una pizza en compañía de Luisa y Melissa.      –Yo ya no podía del calor, inclusive mi violín estaba que se derretía –dijo Melissa mientras saboreaba una limonada con hielo.      –Sí, yo creo que estábamos a más de cuarenta grados –dijo Esteban.      –A ver si de pronto ese calorcito me ayuda con mi garganta –dijo Luisa acompañada de su ronquera.      –Pero igual este salón está friito –dijo Mónica.      –Sí, no creo que me demore mucho por aquí, me toca descansar –dijo Luisa antes de arrugar los labios.      –Todos estamos cansados, o por lo menos yo –dijo Mónica.      –Es que el calor cansa… y además la tensión con todo el cuento del concierto… dijo Esteban mientras le pasaba el brazo por la cintura a su novia.      –Eso te agota, mi nene –dijo Mónica.      –Pero estuviste brillante, Moni, no parecía que fuera tu primer concierto –comentó Melissa.      –Gracias, Meli, en verdad no sé cómo lo logré, estaba súper nerviosa.      –Pero lo sacaste adelante como la mejor… gracias a mis consejos –dijo Luisa riendo.      – ¿Y cómo les pareció lo de Adriana? –preguntó Melissa.      Esteban y Mónica se miraron.      –Bien… genial, yo creo que toca empezar a hacer ese tipo de cosas, que nos vayamos soltando poco a poco, eso le gusta a la gente –dijo Luisa con una sonrisa.      Al ver que la pareja de novios no comentaba nada, Melissa preguntó:      –¿Y ustedes qué dicen?, están como calladitos.      –Supongo que Luisa tiene razón, toca ir innovando –dijo Esteban y volteó a mirar a su novia.      –La verdad no sé, apenas fue mi primer concierto… ¿nunca habían hecho eso antes?      –Creo que no –dijo Luisa mirando a Melissa–, así como tirarle prendas al público… no.      –Con tal de que la próxima vez no les bote la blusa… –dijo Mónica con una leve sonrisa mientras todos se reían.      –Pero su bailecito con Ismael estuvo genial –comentó Melissa.      –Bueeeno, niños y niñas, yo estoy exhausta, me perdonan pero yo despego –dijo Mónica mientras se ponía de pie.      –Yo te acompaño hasta el cuarto, amor –dijo Esteban poniéndose de pie.      –Yo también me voy a dormir –dijo Luisa–, a ver si me recupero de esta pobre garganta… si quieres subimos juntas, Moni.      –Ustedes tan aguafiestas… pero bueno, supongo que están cansadas –dijo Melissa.      –Nene, yo subo con Luisa, tú quédate tranquilo y te comes otras tres pizzas –dijo Mónica sonriendo.      –Monina, ni que estuviera poseído por un marrano… –dijo Esteban riendo.      –Si, Moni, no lo incites al pecado de la gula, mira que tu novio está como quiere –dijo Melissa.      –Sí, y necesitamos hombres atractivos en este grupo –adhirió Luisa.      –Ya me hicieron poner rojo estas mujeres.      Mónica lo abrazó y le dio un corto beso.      –Hasta mañana, mi nene lindo, si no subo me voy a quedar aquí dormida.      –Que descanses, Monina, ¿seguro no te acompaño a subir?      –No, nene, disfruta la reunión, mañana nos vemos para el desayuno.      –Bueno, duerme rico, igual yo no me demoro mucho por aquí –dijo Esteban dándole un pico de buenas noches.      –Que disfruten, hablamos mañana –dijo Luisa mientras junto a Mónica se dirigían hacia la puerta del salón.      –Que descansen, niñas –dijo Melissa.      –Pobre Monina, está agotada… –dijo Esteban.      –Es que estaba bien nerviosa, y eso agota… y súmale el calor –dijo Melissa.      –Sí, lástima que el cansancio no la deje celebrar su triunfo.      –Pero ella está molesta por algo… –dijo Melissa mientras se quitaba las gafas.      – ¿Te pareció?      – ¿A ti no?, tú que la conoces mucho más.      –Tienes razón, es que no le gustó lo de Adriana.      –Celos…      –No lo dudes –dijo Esteban haciendo una mueca.      –Bueno, yo también estaría celosa, sobre todo con el detalle del beso que te mandó en pleno concierto.      – ¿Si te diste cuenta?      –Lógico, yo creo que todo el mundo se dio cuenta, no ves que ella se estaba robando el show y nadie le despegaba la mirada.      –Me toca hablar con Adriana… a ver si deja  de hacer eso –dijo Esteban–, si no… estoy en problemas.      –Hablando del rey de Roma… pilas que ahí viene  –dijo Melissa.      Esteban se volteó y vio a su exnovia acercándose a ellos exhibiendo una amplia sonrisa. Traía un vaso de jugo en la mano y no se le notaba para nada el cansancio; se había cambiado a un vestido azul con estampados de flores que le llegaba hasta los tobillos y que la hacía ver resplandeciente.      – ¿Cómo les pareció el concierto? –preguntó la niña del pelo naranja.      – ¡Te fajaste Adri!, me encantó lo que hiciste con tu pañuelito, y después el bailecito con Ismael estuvo genial –dijo Melissa.      –Yo no sé qué me pasó, pero gracias en todo caso  –dijo Adriana mirando a Melissa.      – ¿Cómo así que no sabes qué te pasó? –preguntó Esteban.      – ¿Cómo les explico…? me sentí como con un high, como poseída, esa canción me llenó de energía, fue bien extraño…      Esteban la miró a los ojos.      –– ¿Y eso incluía el beso que me mandaste?      –Yo voy a buscar otra limonadita, los dejo para que hablen sus cosas  –dijo Melissa mientras se retiraba.      –Nos vemos, Meli –dijo Adriana mientras miraba cómo se alejaba.      – ¿Tú por qué hiciste eso? –preguntó Esteban con tono serio.      Adriana se volteó a mirarlo.      – ¿Por qué no nos sentamos?  Es que me duelen las piernas de tanta brincadera.      Se sentaron a la mesa ocupando lados opuestos. Adriana tomó un sorbo de su jugo.      – ¿No te gustó lo que hice?      – ¿Tú que pretendes? –preguntó Esteban clavándole la mirada.      –Tú sabes lo que yo quiero… no te hagas el bobo.      – ¿Y crees que así lo vas a conseguir?      –No sé, pero tengo que intentarlo…      – ¿Y es que tú no entiendes?, ¿o no te das cuenta de que yo ando con una niña que se llama Mónica?      – ¿Y es que te vas a casar con ella, que no puedes mirar hacia otros lados?      –No me voy a casar, uno no se casa a los dieciséis.      –Pues por eso, entonces trata de relajarte y no armes tormenta en vaso de agua.      – ¿Te parece pescado estar picándome el ojo y mandándome besos en la mitad de un concierto, y en frente de medio planeta?      –Pero es que yo te quiero, y lo tengo que demostrar de alguna forma…      – ¿Tú me quieres? –Esteban arrugó la frente.      –Muchísimo, y no precisamente como a un amigo.      Esteban tomó un sorbo de su gaseosa y se quedó mirando al techo. De repente sintió que Adriana le agarraba la mano y entonces bajó la mirada y apartó su mano.      –Mira, Adri, tú eres una niña preciosa, talentosa, alegre, mejor dicho… tienes mil cosas buenas…      –Pero… –interrumpió Adriana haciendo una mueca.      –Pero ahorita no hay caso, yo tengo novia… y la quiero mucho.      – ¿Entonces ahorita no hay caso?,  ¿y más adelante?      –Yo no sé… puede ser, ni idea.      –Tú con novia, en cambio yo no he tenido a nadie en serio desde que andaba contigo.      –No te creo.      –Te lo juro, no te digo que no me inviten a salir…      –Se me haría muy raro si no te invitaran.      – ¿Tú crees que no ha habido tipos detrás mío?, inclusive aquí en el grupo… Eduardo, Daniel, Sergio, Nacho… todos ellos me han tirado pelota.      – ¿Y entonces?      –Muy simple, el que me gusta eres tú, no voy a salir con alguien que no me gusta…      –En eso tienes razón.      Adriana suspiró y tomó otro sorbo de su jugo.      –Mira, yo me arrepiento de haber hecho eso.      – ¿De lo del concierto o de lo del gringo?      –De las dos, pero ahorita te estoy hablando de lo del concierto… Es que en serio como que me dejé llevar por la música, el ambiente, toda esa gente aclamándonos…      –Te aclamaban a ti, cuando te sentaste al borde de la tarima y les botaste tu pañoleta.      –Digamos que sí, y todo eso me llevó a… ¿cómo te explico…? A sentirme como más libre, más espontanea… y por eso es que lo hice, me quería expresar, quería demostrarte que me fascinas y que todos en el grupo se enteraran, que sepan que no me pueden estar invitando a nada porque lo que yo quiero es estar contigo.      Esteban tomó un sorbo de su gaseosa y volteó a mirar a sus compañeros que bailaban y disfrutaban de la celebración.      –Y lo peor de todo es que yo me juré a mí  misma que no iba a ser la mala del paseo… y ahora tú piensas que soy lo peor… –dijo Adriana con los ojos humedecidos.      –No eres lo peor, no digas eso.      –Pero casi…      –Para nada, cualquier tipo se moriría por salir contigo.      –Pero el que yo quiero no me quiere ver ni en pintura.      –Te quiero ver cantando, tocando tu bajo, tu guitarra, siendo la líder que eres en el grupo, como cuando saludaste hoy al público después de que Andrés entró en pánico…      – ¿De qué me sirve todo eso si tú ya no me quieres?      –No hagas las cosas por mí, Adri, hazlas por ti misma, eres de lo mejor que hay en el grupo.      –Mira, haz lo que quieras, yo no te voy a rogar más, tú ya sabes lo que yo pienso… y lo que estoy sintiendo… Y no te preocupes, no voy a volver a hacer nada parecido a lo que hice hoy. Sigue disfrutando de la fiesta  –dijo ella mientras se paraba de su silla.      Esteban  vio cómo se alejaba hacia la pista de baile y se unía a la celebración. Definitivamente era una niña muy atractiva, con muchas cosas buenas, pero primero que todo estaba su Monina, de eso no podía existir la menor duda.        
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