90 Era notable el contraste entre el frio exterior y la agradable temperatura que proporcionaba la calefacción del pequeño café. De la nieve y el hielo en las aceras, de los esqueléticos árboles que habían perdido sus hojas unas semanas antes, al acogedor calor que había logrado que los jóvenes músicos dejaran a un lado gorros, guantes y bufandas para disfrutar de una deliciosa bebida caliente. –Yo estoy muerta del susto –dijo Patricia dándole un mordisco a su pretzel gigante. –Monita, todo es lo mismo, bogotanos, paisas, caleños, costeños, gringos, soviéticos, chinos y japoneses –dijo Andrés tomando un sorbo de su humeante chocolate. –Pero es que, Andresillo, igual no vamos a tocar precisamente en la plaza de toros de Medellín… –dijo Mónica. –Eso sin toros o c

