5

1811 Words
5 El sábado por la noche la Plaza de Toros estaba a reventar. Las catorce mil quinientas boletas habían sido vendidas en su totalidad, y Los Cuarenta se alistaban para hacer su tercer concierto en grande en menos de dos años. La idea era hacer una presentación basada en los éxitos del momento de los géneros salsa y rock, y mezclar con algo de lo que era conocido por algunos como música "chucu chucu", generalmente interpretada por reconocidas orquestas del género tropical como la Billo´s Caracas, Los Melódicos, Nelson Henríquez y Pastor López. Esa tarde, Esteban había hablado por teléfono con Marcela, y ésta le había contado que el papá ya había entregado el dinero del rescate a los secuestradores. En el momento se hallaban a la espera de recibir noticias acerca del sitio en el que la iban a entregar. Tenía su mente puesta en todo lo que acontecía con su novia, y hubiese querido estar en casa de ella esperando su posible regreso, pero su compromiso con el grupo, para tan importante concierto, le hacía imposible alejarse de la plaza de toros. Eran las siete y cuarenta y cinco de la noche, y todo el grupo se encontraba en el camerino preparándose para salir al escenario. Arturo, parado sobre una butaca, pidió silencio y se dirigió a sus compañeros. –Bueno señores… y señoritas…, me dicen que toda la boletería se vendió, ésta plaza está hasta las banderas. Parece que va a ser el concierto más grande de nuestra historia. Si nos va bien ésta noche, hay la posibilidad de que nos contraten para hacer una gira a nivel nacional –a lo que todos los asistentes reaccionaron con gritos, aplausos y silbidos–. Sobra decir que confío en la capacidad de todos ustedes para sacar esto adelante. Como ya saben, vamos a arrancar con "Tania", de Fruko y sus Tesos; después seguimos con "Vamos A Reír Un Poco", de Héctor Lavoe y “Guaguancó del Adiós” de Roberto Roena. Y como siempre, la gente de metales a fajarse. Mucha suerte para todos. Arturo se bajó de la silla y se acercó a Andrés. –Esta es su noche, fájese por el grupo y por usted, y verá que mañana Patricia le va a estar rogando para que la invite a salir. –Listo, gracias, ojalá la voz me salga como se debe. –No se preocupe, a usted siempre le sale–, y siguió caminando hacia la salida hasta encontrarse con Esteban. –Lo veo como nervioso, ¿todo bien? –Si claro, aquí pensando en mi novia, puede que la suelten este fin de semana. – ¡Uy, buenísimo!, eso esperamos todos. A propósito, ¿quién más sabe de esto en el grupo? – ¿De lo del s*******o? –Sí, de todo este cuento… –Solo usted y Andrés, y no sé si él le haya contado a Patricia… espero que no. – ¿No quiere que la gente se entere? –La verdad no sé… Es que usted sabe que ella tenía ganas de entrar al grupo y pues… –Lo entiendo –lo interrumpió el director––, usted me dijo que ella toca el piano y que ya estaba súper lista para la audición… –Sí, es experta, desde chiquita lo ha practicado, y canta súper bien. – Y que también toca el arpa… –No se imagina, eso es cosa seria –dijo Esteban con una pequeña sonrisa. – ¡Excelente!, toca conocerla bien, porque solo la he visto como dos o tres veces de lejos, chismoseando en los ensayos. –Apenas esté otra vez con nosotros se la presento. –Sí, genial conocerla, ojalá se den las cosas... Bueno, cualquier cosa me cuenta, si necesita irse me avisa, ahí tenemos a Daniel para que lo reemplace. –No tranquilo, para este concierto voy con todo. –Inspírese en ella y verá cómo todo le sale bien ésta noche. Ya en ese momento el ruido del público esperando a sus artistas era casi que ensordecedor. Melissa, que ya estaba casi en la salida les gritó. –Mr. Director… Esteban… la gente nos espera. –Listo, listo…, vamos con todo, el destino nos llama –contestó Arturo, y los dos se dirigieron rápidamente hacía la puerta que daba al escenario. Esteban fue el último en salir. La plaza se veía bastante oscura, y solo los reflejos de las luces de los edificios a su alrededor permitían distinguir las tribunas colmadas de gente. Buscó su puesto frente a los micrófonos, al lado de los otros dos miembros de los coros, Patricia e Ismael. Diez segundos más tarde escuchó cómo Arturo daba la señal y los instrumentos de viento y percusión arrancaron con los primeros acordes de "Tania", mientras las luces por encima de ellos empezaban a girar, a prenderse y apagarse al ritmo de la música. El grito del público no se hizo esperar, y veinte segundos después, Andrés arrancó con las palabras "Voy a la ciudad, voy a trabajar…". Después de un poco más de cuarenta y cinco minutos de concierto, la gente aclamaba cada vez con más fuerza la presentación de Los Cuarenta, que deleitaban a su público con los mayores éxitos de la salsa y la música tropical del momento. Esteban, al lado de Patricia, la linda niña por la cual su amigo estaba dispuesto a todo, y de Ismael, según su criterio el m*****o del grupo con mejor talento, venido de Istmina, Chocó, se concentraba en la entonación que debía mantener para darle a los coros el tono perfecto que hasta el momento había hecho destacar tanto a la agrupación. Su amigo Andrés alternaba en el micrófono de las voces principales con Eduardo y Juan Carlos, realizando una presentación impecable, mientras Arturo le demostraba al público bogotano, a través de su piano, que había nacido para grandes cosas. La tanda de salsa y tropical terminó con la interpretación de "La Venezolana" de Pastor López, y Esteban aprovechó que las luces del escenario se apagaron durante unos segundos para ir a sentarse en la butaca de la batería y alistarse para iniciar la tanda de rock y disco que arrancaría con la canción "Fantasy", de Earth Wind and Fire. En pocos minutos, Ismael pasó de ser corista de salsa, a convertirse en la voz principal de la música que invadía con su ritmo a las discotecas de las grandes ciudades norteamericanas. Esteban, mientras tocaba la batería, recordó por qué no estaba sentado al lado de Marcela esperando a que Mónica apareciera. No había nadie como él en el grupo de cuarenta músicos que lo pudiera igualar en el manejo de este instrumento. El verse tocando ante más de catorce mil personas, más los que estaban en los balcones de los edificios aledaños a la plaza de toros, lo hacían sentir agradecido y afortunado de hacer parte de ésta maravillosa agrupación. Al mismo tiempo, la rabia y frustración que sentía por el hecho de no tener a su novia al lado, o por lo menos entre el público asistente, lo llevaban a tocar su instrumento con mucha más fuerza y dinamismo de lo que estaba acostumbrado. Tenía fe en que ella fuera devuelta por sus captores antes de que terminara el fin de semana, y al mismo tiempo tenía miedo de que esto no sucediera, o de que regresara totalmente cambiada o traumatizada, y de que no quisiera volver a salir con él. Tenía muchas ganas de estar frente a ella, de abrazarla y de besarla. De protegerla y alejarla de todos los peligros que pudieran llegar a presentarse. Quería poder hablar con ella en ese mismo instante, así se encontrara ocupado tocando el conocido éxito "How Deep is Your Love" de los Bee Gees, al lado se sus treinta y nueve compañeros, y en frente de un público que los aclamaba más y más a medida que avanzaba la noche. Pensaba que debería existir una especie de teléfono inalámbrico de largo alcance, para que en caso de que Mónica fuese devuelta, se pudiera comunicar con él de manera inmediata al sitio del concierto. Después de un poco más de dos horas de tocar covers, la presentación llegó a su fin, no sin antes haber tenido dos encores, con la interpretación de "Dou you think I´m sexy" del británico Rod Stewart. Esteban se paró de su butaca cuando las luces del escenario se apagaron por completo, y metió las baquetas que no se habían roto en la bolsa en que siempre las cargaba. En ese momento Patricia, que se encontraba al lado suyo guardando el trombón, le dijo: –A veces me parece que tú estás aquí perdiendo el tiempo. Esteban la miró sorprendido y le preguntó. – ¿A qué te refieres? –Fácilmente podrías reemplazar a Ron Wood. Esteban se rio. – ¿En los Rolling Stones?, estás loca, a duras penas puedo tocar un par de cumbias y tres bambucos. –Tan modesto el niño, te cuento que ésta noche te fajaste. – ¿En serio? –Parecías poseído tocando esa batería. Nunca te había visto tocar con esa energía, ¡fue impresionante! –Bueno, algo positivo debe quedar de todo esto, supongo… –Tú fuiste lo mejor –dijo Patricia. –No creo, Andrés cantó demasiado bien, ¿no te pareció? –Andresito hace lo que puede, pero me parece que Ismael estuvo mucho mejor. –Bueno, es que Ismael es cosa seria, ese ritmo que trae con él no lo supera nadie. –Pero tú estuviste genial, te felicito –dijo Patricia, y antes de irse se acercó y le dio un pico en la mejilla en un punto bastante cercana a la boca. Esteban se quedó mirándola mientras ella se dirigía al camerino. Era una rubia muy bonita, y además de ser simpática tenía una voz impresionante para el canto. Sería alguien con quien se podría salir si no existiera Mónica, y si su amigo Andrés no estuviese detrás de ella. Eran las diez y media de la noche cuando Esteban encontró un teléfono público en el camerino de la plaza. Alcanzó a levantar el auricular pero en seguida pensó que era muy tarde para llamar a la casa de su novia. Tendría que esperar hasta el día siguiente para averiguar qué había sucedido. –Los felicito a todos –dijo Arturo–, ¡severo concierto el que nos fajamos! Rodolfo, nuestro querido empresario está feliz, no se cambia por nadie señores… y señoritas. Yo creo que vienen cosas buenas. Me gustó mucho lo de Esteban en la batería, lo de Ismael y Andrés en las voces principales fue súper, y tú Patricia no eres solo belleza, tu trombón no podría haber sido mejor; todos se ganaron una invitación al bar de mi tío en La Candelaria.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD