— Apresúra te, date prisa, se te hace muy tarde para la escuela y a mí para el trabajo hijo — grito el padre de aquel joven mientras miraba su reloj con total desesperación, mientras esperaba en las escaleras.
Al padre de aquel chico, no le gustaba llegar tarde a ninguna parte.
— Ya voy, solo estoy guardando unas cosas de la escuela — dijo en un pequeño grito.
Aquel chico miraba con tanta nostalgia la fotografía de su madre.
— Te extraño mucho— dijo Elliot, mientras por sus mejillas le recorrían unas pequeñas lágrimas, las cuales de inmediato se las seco, no quería que su padre lo viera llorar.
Después de unos cuantos minutos, dejo la fotografía de su madre y por fin había salido.
Todo estaba listo.
Poco a poco fue bajando las escaleras.
— Al fin llegas hijo, espero que no se nos haga tarde, a mi para el trabajo y a ti para la escuela, por favor, no te vuelvas a retrasar, sabes muy bien que desde que tu madre se fue, yo tengo que hacerlo todo, también deberías poner de tu parte, para mí también fue muy difícil, pero tenemos que superarlo juntos y esforzarnos lo mejor que podamos, se que si ambos nos apoyamos, podremos salir adelante — dijo el padre de aquel joven mientras lo miraba con atención y sinceridad.
Elliot solo pudo soltar un gran suspiro, a él también le afectaba mucho que su madre ya no estuviera, a ella le tenía demasiada confianza y la quería demasiado, a su padre también lo quería mucho, pero él, era muy complicado, a veces mostraba una gran sonrisa y otras veces se notaba muy serio, Elliot, no comprendía a su padre, ya que no le podía contar lo que pasaba día a día, tal vez pensaría que él tenía la culpa o algo así, por otra parte su madre, ella le contaba tantas historias de fantasía, pero a su padre, aquellas historias le parecían muy molestas, ya que no creía en nada de eso, Elliot si creía, sabía que la magia podría estar en diferentes cosas muy escondida, aunque a veces dudaba.
— Déjale de meter tanta basura a nuestro hijo en la cabeza, luego crecerá pensando que todo lo que le cuentas, se hará realidad, aunque todo sea falso — dijo aquel padre un poco enojado.
— Cariño,nuestro hijo solo tiene 7 años, él es un buen niño y sabrá separar la realidad, de la fantasía, ¿Verdad cariño? — dijo la madre mientras le acariciaba la mejilla.
— Si mami — dijo con una gran sonrisa.
A este chico, le dolía mucho que su padre fuera así, su padre no creía en la magia ni en nada relacionado a eso, su padre era más serio y amargado.
Aquel joven, soñaba con ir algún día, a un lugar muy especial, lleno de magia, sabía que era imposible, pero aún así le gustaba soñar, quería encontrar personas maravillosas, que creyeran en la fantasía tanto como él, pero siempre que aquel joven pensaba en esas cosas, su padre se encargaba de bajarlo de su nube.
Ambos se subieron al carro y el padre empezó a conducir de inmediato, llevo al chico muy rápidamente a la escuela, después de unos cuantos minutos llenos de silencio, al fin habían llegado a la escuela de aquel chico, Elliot bajo del carro y el padre le dijo que se acercará a la ventanilla.
— No empieces a contar cosas que no son reales, pon atención a tu escuela, que eso sí te servirá de algo, ya te puedes ir — dijo el padre entre susurros.
Él chico se dió la vuelta, camino unos cuantos pasos, cerró los ojos muy fuertemente y soltó un leve suspiro, le dolía que su padre se comportará así, él no podía soñar, de inmediato abrió de nuevo los ojos y se dirigió a su salón.
Las clases pasaron poco a poco.
Aquel chico empezó a escribir "magia" en una libreta, miraba por segundos si la maestra no lo veía, entonces empezó a dibujar.
Poco a poco, fue haciendo un dibujo de una niña, nunca la había visto, pero la dibujo con un hermoso vestido verde, que empezaba a hacer magia con sus manos.
Sin aquel chico notarlo, la maestra estaba posicionada detrás de él.
— ¿Y esta niña, quien es?— preguntó curiosa la maestra.
— Es una chica que hace magia— respondió Elliot tan emocionado, sin percatarse de la presencia de su maestra.
Todo el salón empezó a reírse de inmediato.
Pero al darse cuenta de que le había respondido a alguien, volteó a ver de repente.
Solo hizo una gran sonrisa y se tapó el rostro.
— Llamaré a tu padre, se me hace de muy mal gusto, que no presentes atención a mi clase— dijo la maestra mientras caminaba de nuevo al frente.
Elliot, estaba muy avergonzado por lo que acababa de suceder, pero sentía demasiado nerviosismo, ya que no sabía que es lo que su padre haría o le diría.
Las clases por fin terminaron y se escuchó el sonoro timbrar del timbre de la escuela, que significaba que ya podían salir.
Elliot estaba saliendo.
Penso que la maestra no se daría cuenta de que estaba saliendo, ya que ella estaba revisando unas tareas.
La maestra sin verlo dijo — Elliot, tu te quedas, tu padre está por venir— dijo sin tomarle importancia.
Aquel joven se sentó en los últimos asientos, ya que no quería escuchar nada de lo que hablaban, sabía que su padre le reprocharia, como siempre.
El señor Sebastián, padre de Elliot, por fin había llegado.
— Disculpe la tardanza— le dijo a la maestra, mientras fulminaba con la mirada al joven Elliot.
—Señor Sebastián, su hijo no me pone atención en clases, siempre piensa en la magia, por favor, hablé con él, eso le puede afectar, va seguir pensando que existe algo, que no es real, si sigue así, me veré en la penosa necesidad de suspenderlo de mi clase — dijo la maestra un poco enojada..
A aquella maestra, no le gustaba que los chicos soñarán, así que en la menor oportunidad que tuviera, haría lo posible por suspender a quien pensara contrario a ella.
— Ya he hablado con él, pero no sé preocupe maestra, comprendo su posición y hablaré más con él, si no hace caso, lo tendré que meter a un internado — dijo el padre de aquel joven mientras se paraba.
— Perfecto— a aquella maestra, poco a poco, se le dibujo una gran sonrisa, parecía que las palabras que le había dicho en señor Sebastián, le habían alegrado el día.
— Vamos Elliot— dijo muy enojado.
Elliot salió de inmediato, detrás de su padre.
—No se por que siempre me dejas en vergüenza, siempre haces lo mismo, no sé cuántas veces van esta semana, eres increible— dijo el señor Sebastián, mientras le reprochaba a su hijo.
— Perdon— alcanzó a decir Elliot, cabizbajo.
— No entiendo por qué sigues teniendo esa basura en tu cabeza ¡LA MAGIA NO EXISTE!— dijo entre gritos, lo cual hizo que Elliot se sintiera mal.
Elliot, poco a poco, empezó a llorar.
— Perdón, no quería gri... — el padre de Elliot no termino de decir la frase, ya que su hijo, su hijo había salido corriendo.