Por Aby Habían pasado solo 15 minutos cuando lo vi entrar, con ese aire altanero, frío, distante. Lo miro ansiosa. Su mirada se clavó en mi cara. -Hola Aby. Me dijo y le sonreí como si fuera un dios. -Buenas tardes doctor. -Vení, acompañame. Yo me paro y lo sigo. -Que nadie me interrumpa. Le dice a su secretaria, al pasar por su lado, no la miró, ni siquiera la saludó. Abrió la puerta de su consultorio y esperó para que yo entrara primero. Me sorprendió mucho su actitud, no la esperaba. -Sentate. Me dice, mientras revisa su celular y luego lo apoyó en el escritorio. Mientras él revisaba su teléfono, yo miro, curiosa, su escritorio y veo un portarretrato, en él hay una fotografía en la que está abrazado a Ruth, están los dos muy sonrientes, se ven realmente muy bien los dos.

