Una semana.

1336 Words
Los Simons se retiraron ya entrada la noche, disculpándose por no poder quedarse a cenar, ya que su familia los estaba esperando, aunque cuando llegaron el único que esperaba por ellos era Jack. — ¿Dónde están los demás? — Riny cenó en su cuarto, como siempre. Y Jared salió... como siempre. Y bien ¿qué te pareció tu futura nuera? — pregunto Jack con verdadera curiosidad. — Encantadora. — Liam miró a su madre sin poder creerlo. ¿Acaso ella estuvo todo ese tiempo en un universo paralelo? Lo debe decir porque estoy aquí, pobre mi madre. — Eso me sorprende viniendo de ti Nancy. — Es la verdad, sus tías son realmente algo especial, Riny tenía razón, ella es un amor. OH mi madre enloqueció o ¿cree que merezco estar casado con una joven bipolar? — Se nota que la han consentido toda su vida y créeme durante unas horas estuve preocupada, apuntó de gritarle a Liam en que estaba pensado cuando pidió casarse con ella, pero luego explotó, un grito y todos hicieron silencio, y ¿sabes? se le notaba que no quería nada de lo que sus tías propusieron, tanto lujo y glamur, sin embargo, les dijo a que si a todo, que solo tenía dos condiciones, ella escogerá el pastel y no tendrán luna de miel. — ¿Pastel y luna de miel? — Sí, ella dijo que Liam era el mayor de los Simios, que debía ocuparse de nosotros, una joven de 18 años que aún no te conoce sabe que necesitamos a nuestro hijo apoyándonos en esto. Mi madre tenía razón, Kim era algo especial, mis hermanos son mayores y no saben comportarse, dejaron a mi padre cenando solo, ni siquiera lo pueden cuidar un rato. — ¿Y el pastel? — Eso no lo sé ¿y tú Liam? — No mamá, pero le preguntaré mañana también estoy intrigado. Al día siguiente la joven se despertó con los gritos de Maia. — Dime que esta pasado, ¿qué es eso que te casas? Como que tenías novio, no lo creo ¡habla! — No puedo mentirte, y no lo haré. — Bien. — No te diré nada. — ¡Que! — No te lo diré hasta después de casarme, tú eres novia de mi primo, no quiero ponerte en un dilema. — No puedes tratarme así. — Lo lamento May, solo confía en mí, soy feliz... ¡por fin soy feliz! Las jóvenes comenzaron a saltar en la cama y cuando Sam entró no entendía que fue lo que vio Liam en su hermana. Es apenas una adolescente, que fue lo que te atrajo de ella, ¡¿si no quieres el dinero, que fue?! Kimberly no podía creer que Rebecca consiguiera que un diseñador estuviera dispuesto a hacer su vestido en menos de una semana, cada una de sus tías había elegido un vestido y su abuelo también, los dejaron colgados sin decir quién escogió cual, y ella se los probó, antes de salir con uno, era color blanco puro, con un corsé en forma de corazón lleno de cristales swarovski con mangas trasparente que también tenía de estos pequeños cristales pero en menor cantidad, una gran y pomposa falda con capas tras capas de tul le daba la forma de una rosa blanca invertida, al mejor estilo princesa, ella no podía dejar de verse en el espejo, y por primera vez le dio ganas de comprar lo que se había probado, salió y cuando sus cuatro acompañantes la vieron sus lágrimas comenzaron a caer. Se paró una vez más ante un espejo, y su abuelo habló. —Permíteme, creo que le falta algo. — Coloco sobre su cabello n***o azabache un tul blanco largo y sumamente liviano como la caricia de una brisa. Y ahora sí, era ella la que lloraba, no pensaba en la cara que pondría Liam, él solo era el medio para llegar a su libertad, ella lloraba por lo que este momento significaba, sus tías compartían por fin un mismo sentimiento, y su abuelo la miraba como lo que era, su nieta preferida a punto de abrir sus alas. — Este es, es mi vestido. — Mientras el diseñador agradecía que los ajustes a realizar serían mínimos. — ¿Quién lo eligió? — pregunto con toda la curiosidad del mundo. — Yo mi niña. — ¡Abuelo! — Corrió y se fundió en los brazos de ese hombre que siempre la había comprendido mejor que nadie, incluso mejor que ella misma. Cuando estaba saliendo de aquel lugar de fama mundial, se encontró con Liam, esperándola apoyado en su auto. — Hola. — saludo de forma tímida, y es que con el paso del tiempo ella comenzaba a ver qué tan alto y musculoso era su futuro esposo, ya que su vista comenzaba a vagar por su cuerpo y no solo por su rostro. Pero ante de decir nada más el hombre la besó, un pequeño roce, ya que sus tías estaban presentes. — Hola. — saludo con un brillo algo particular, al verla. — Bien supongo que los tortolitos tienen cosas que arreglar, vamos mis bellas damas, hagan el favor de acompañar a este viejo a tomar un café. —y así sin más toda la familia Bach desapareció. — Disculpa eso, pero luego que Denise nos vio besarnos anoche un simple hola sería raro. — trato de justificarse, pero lo cierto es que paso toda la noche recordando la suavidad de los labios de Kimberly. — Sí, supongo que tienes razón. — contesto aun con sus mejillas rosas. — Toma. — Saco de su bolsillo una caja negra pequeña y se la pasó. — ¿Y esto? — Un anillo de compromiso. — No era necesario que gastarás dinero en esto. — Kimberly, serás mi esposa por un año, aunque sea ficción, eso solo lo sabremos tú y yo. — Bien lo que digas. — ¿Por que estás nerviosa? — Como lo sabes. — Levantaste tus hombros. — No lo sé. — Y otra vez lo haces. — Recién elegí mi vestido... nunca quise comprarme nada, solo me gusta probarme ropa, si sé que suena raro, pero... este vestido... una vez que me lo puse, no quería quitármelo. — respondió completamente roja de vergüenza. Idiota, eres un idiota, está boda será ficticia, pero es su boda, o por lo menos la primera. — la conciencia de Liam le hizo ver lo lógico. Le quitó la caja de las manos, mientras Kim lo miraba levantando una ceja, él apoyó una rodilla en el piso lo que provocó que ella riera, pero vio como sus ojos comenzaban a brillar y su cara adquiría un suave color rosado. De acuerdo princesa Bach, vivirás lo más parecido a una boda real. Este será tu cuento de hadas, por lo menos durante un año. — Kimberly Bach, ¿me harías el honor de ser mi esposa? — Y en ese segundo el estómago de Liam vibró, la misma reacción que tenía siempre que estaba nervioso. ¿Qué me sucede?, es obvio que dirá que sí, ¿por que me siento de esta forma? — Sí, claro que sí. — Y en ese minuto él volvió a respirar. La acompaño a elegir el pastel, y se sorprendió cuando ella sacó una foto y pidió que se le hiciera el mismo pastel, con los mismos rellenos, era un pastel de tres pisos muy simple, todo blanco con rosas rojas en cada piso. — Es un pastel muy bonito. — Gracias, es el de mis padres, es su pastel de bodas. — ¿Por eso querías encargarte tú? — Será como si mamá y yo lo hubiéramos elegido. — Liam pasó su brazo sobre los hombros de la joven y la puso a su lado, apretándola un poco, pero sin mirarla, él lo hacía parecer un contacto natural, la consolaba sin llegar a la exageración como su familia. Y así los días pasaron, una semana paso rápido.
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