Después de hacernos los capos como guardianes de la Vía Láctea, pintó otra movida cósmica. La onda ahora era explorar las nebulosas celestiales, esas zonas donde arrancan y se van las estrellas. Una vuelta re misteriosa. Isabella, aunque ya no estaba físicamente, seguía tirando la posta desde su plano trascendental. Su influencia flotaba por ahí como la luz de una estrella lejana, metiendo su sabiduría en la joda cósmica de la comunidad. La flota espacial, ahora con tecnología más zarpada, se mandó hacia nebulosas que flashaban con colores de otro mundo. Esas nubes enormes de gas y polvo, donde nacen estrellas nuevas y otras mueren, eran sagradas por todo el asunto creativo y transformador. Al meterse en las nebulosas celestiales, la percepción de la comunidad pegó un giro. La realidad

