EPISODIO 11

1169 Words
RETOMANDO... En el Capítulo 7, “La Batalla con el Dragón”, seguimos al joven Lans, príncipe de Adamah, en su épica lucha contra un dragón azul en las afueras de Isagar. Enfrentándose a una criatura ancestral, Lans logra vencerla y extraer su corazón mágico, que le otorga poderes inigualables. Paralelamente, se presenta el poderoso Reino de París, cuna de riquezas y superficialidades, donde vive Amelia Thermopolis, una joven recluida que, rodeada de libros de magia, descubre un talento oculto. Jenny, Serenidad y Ángel la visitan tras escuchar rumores de su muerte, desencadenando una revelación inesperada: Amelia no solo está viva, sino que también percibe una energía mágica ancestral en ellos. El encuentro marcará el inicio de un nuevo vínculo y una pieza clave para el destino de los astros. LA REVELACION DE LA MAGIA Pasaron unas dos horas sentados en la gran sala, rodeados de columnas de mármol blanco, tapices bordados con hilos de oro, y retratos inmensos de los ancestros de la familia Thermopolis. Jenny comenzaba a inquietarse, su intuición le susurraba que algo poderoso se escondía detrás de esos muros. Finalmente, una joven bajita, de cabello corto y ojos claros como el amanecer, apareció con una voz aguda y chillona: —Soy Amelia Thermopolis, ¿en qué les puedo ayudar? Jenny se puso de pie con una sonrisa casi maternal. —Señorita Amelia, queríamos asegurarnos de que estaba bien... hay rumores en el pueblo que dicen que usted... que usted está muerta. —¿Muerta? —repitió Amelia entre risas—. ¿Pero por qué piensan eso? —Lleva años sin salir, y lo único que la gente ve es su silueta inmóvil en la ventana de su cuarto. Amelia suspiró. —Si me ven inmóvil, es porque estoy leyendo mis libros. Pero como pueden ver, no estoy muerta. Estoy más viva que nunca. Los tres se relajaron y se dispusieron a retirarse, pero antes de que pudieran abrir la gran puerta, Amelia los detuvo: —¡Esperen! Ustedes no son personas normales. Puedo percibirlo… hay una energía mágica en ustedes. ¿Son hechiceros? Ángel dio un paso atrás, nervioso. —No… no lo somos. Solo somos personas normales. Pero antes de que pudiera seguir hablando, Amelia subió corriendo a su habitación. En menos de un minuto, volvió con una varita de madera negra, tallada con símbolos antiguos. Cuando Serenidad la vio, un destello dorado brilló por un instante alrededor del objeto. Era el mismo resplandor que había visto en los papiros mágicos. Amelia agitó la varita, recitó unas palabras en un idioma desconocido, y un rayo de luz blanca envolvió a Jenny y Serenidad. Amelia pegó un salto. —¡Lo sabía! ¡La magia no miente! ¡Ustedes tienen poder! EL DESPERTAR DE LA HECHICERA. El aire se volvió más denso en la sala. Jenny sintió una energía recorrerle la columna vertebral. Serenidad, por su parte, se llevó una mano al pecho; sentía que algo adormecido dentro de ella despertaba con fuerza. —¿Qué fue eso? —preguntó Serenidad con la voz temblorosa. —Un hechizo de detección mágica —explicó Amelia, emocionada—. Su aura ha sido revelada. ¡Y no es común! La tuya, Serenidad, es dorada. Eso solo ocurre en quienes están predestinados a la magia celestial. Jenny observó a Amelia con nuevos ojos. —Has estado entrenando por tu cuenta, ¿verdad? —Durante años —dijo Amelia, bajando la voz—. Desde niña me sentí fuera de lugar. Todo me salía mal, rompía cosas, causaba accidentes. Luego descubrí los libros de hechicería escondidos por mi abuela en la biblioteca. Ella también fue hechicera. Desde entonces, no he parado de estudiar. —¿Y tu familia lo sabe? Amelia bajó la mirada. —No. Mi padre lo consideraría una vergüenza. Por eso nunca salgo. Pero ustedes… ustedes me comprenden. Serenidad dio un paso adelante. —Amelia, ¿te gustaría venir con nosotros? No sabemos exactamente a dónde vamos, pero cada día descubrimos más sobre este destino que compartimos. Los ojos de Amelia se iluminaron como si toda su vida hubiese esperado esa pregunta. —Sí… sí quiero. ¡He deseado tanto salir de esta prisión! Pero antes, necesito mostrarles algo. Subieron las escaleras hasta el último piso, donde una puerta antigua protegía un pequeño cuarto. Amelia sopló el polvo y empujó con esfuerzo la pesada madera. Allí, descansaba un libro encuadernado en cuero n***o, con un símbolo dorado en su tapa: un astro de siete puntas. Jenny lo reconoció al instante. —Ese símbolo… —Es el emblema de los siete astros —susurró Amelia—. Lo encontré hace unos años. No entendía su significado… hasta hoy. Abrieron el libro y una página brilló intensamente. En ella, una profecía decía: “Cuando las estrellas se unan y la magia regrese, la tierra temblará y el equilibrio será restaurado. Siete serán los portadores del destino, y uno de ellos, la heredera del sello ancestral.” —Serenidad —dijo Jenny, mirando la página—. Esto habla de ti. Y Amelia añadió: —Y también de mí. EL COMPROMISO DEL ASTRO. Al amanecer del día siguiente, Amelia empacó algunos de sus libros más preciados, su varita, y un relicario antiguo que su abuela le había dejado. Despidió a su mayordomo con lágrimas y un abrazo. —Volveré algún día, pero ahora debo encontrar mi camino. —Siempre tendrás un hogar aquí, señorita Amelia —le dijo él con una reverencia. Los cuatro caminaron por las calles de París. El cielo estaba limpio, y por primera vez en mucho tiempo, Amelia sintió que respiraba aire nuevo. Durante la caminata, Jenny le explicó más sobre los astros, sobre los encuentros pasados y sobre el vínculo que los unía. —Cada uno de nosotros tiene un poder, Amelia. Un papel en la historia que se está escribiendo. Pero no estamos solos. Estamos juntos. Llegaron a un claro fuera de la ciudad, donde Jenny marcó un círculo de protección con su bastón. —Antes de partir hacia Gaya —anunció Jenny— debemos sellar nuestra alianza. Amelia, Serenidad, Ángel y Jenny se tomaron de las manos en el centro del círculo. Jenny entonó un cántico suave, y desde el cielo una pequeña estrella descendió y giró alrededor de ellos. —Con esta luz —dijo Jenny— el cuarto astro ha sido encontrado. La estrella tocó la frente de Amelia, quien cerró los ojos y sintió una corriente eléctrica recorrer su cuerpo. Al abrirlos de nuevo, ya no era la misma. Sus ojos brillaban con una luz nueva, y su presencia irradiaba poder. —Gracias por no dejarme atrás —dijo—. Juro protegerlos con mi vida. Y así, el grupo de astros creció, y con él, también lo hizo la esperanza. Lo que no sabían aún, era que el descubrimiento de Amelia había activado un antiguo sello oculto bajo la ciudad de París. Muy en lo profundo, una figura sellada durante siglos comenzó a abrir los ojos...
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