El Reino Roto El viento soplaba fuerte sobre los campos de Adamah, como si la misma tierra tratara de advertir a aquellos que aún se aferraban a su trono. La guerra no solo estaba presente en las batallas físicas, sino que su sombra se extendía hasta el alma de los hombres y las mujeres de Adamah, como una peste que arrastraba la esperanza hacia su abismo. El trono de Isagar, antaño símbolo de poder y grandeza, ahora parecía una reliquia caída, un recuerdo de lo que alguna vez fue un reino unido. El mismo rey Arman, quien había traicionado y matado a su propio hermano para obtener el dominio, estaba profundamente marcado por los ecos de su propia oscuridad. Desde su castillo en las montañas, Arman miraba al horizonte con los ojos llenos de ira y frustración. Había pasado años luchand

