Dedique dos días completos de silencio de radio (ni un solo pellejo ni cabello de Darragh Ryan en el campamento) antes de que decida tomar el asunto en mis propias manos. —¿Crees que está ahí?— Le susurro al lobo de Kennedy, señalando con la cabeza la desvencijada estructura en el claro de abajo. Él resopla afirmativamente. —Parece abandonado—. El refugio se inclina ligeramente a estribor y de las ramas entretejidas en el techo se ha formado una exuberante capa de musgo. Un racimo de setas brota del pico. Es pintoresco al estilo siniestro de una bruja con un horno de cuento de hadas. El lobo de Kennedy patea la tierra. Está ansioso por salir de aquí. No le gusta estar cerca de otros hombres, especialmente aquellos que están más arriba en la jerarquía. Puede que Darragh no esté del todo

