Kennedy se levanta, transformándose de cuatro pies a dos en una secuencia fluida hasta que está de pie, con el pecho agitado y las pupilas hinchadas. —Mierda—, grita. — Rápido y Furioso , ¿eh? ¿Viste eso? ¿ Viste eso ? Camina de un lado a otro, pasándose los dedos por el pelo empapado de sudor. No vi nada. Mis ojos estuvieron cerrados todo el tiempo. Estoy temblando. No puedo parar. —¡Uf!— —aulla, echando la cabeza hacia atrás, hasta que finalmente me registra tirado a sus pies. —Mierda, Mari. Iré a buscar el botiquín de primeros auxilios—. Asiento con la cabeza. Mi mejilla raspa contra las ásperas tablas. El cielo se vuelve más claro. El sol aún no ha salido, pero está a punto. Los animales de la mañana bullen y pian en el grupo de arces y hayas que rodean nuestra cabaña. Es un com

