—¿Entonces Damian y yo somos compañeros predestinados?— —Sí.— —¿Pero él no cree que lo seamos?— —Así parece—. —Y ya no lo somos. Rompiste el vínculo—. —Corté el vínculo—. —Así que estoy bien con los Destinos. Ninguno de ellos tiene ningún interés en mí ahora, ¿verdad? —No diría eso.— —Aberta.— Abertha se encoge de hombros. Tiene la boca llena de productos horneados. Compañeros o no, predestinados o no, en realidad no importa. No puedo soportar la idea de volver al campamento. —¿Me puedo quedar aquí?— Abertha se toma un momento para tragar. —No tengo compañeros de cuarto—. Ella me da unas palmaditas en la mano para quitarme el escozor. —No me gusta que la gente coma mi comida—. —Y aún así estás presionando bastante estos muffins—. —Tienen tres días. Si no los comemos, se despe

