No puedo esconderme de ello. Todo lo que tengo que hacer es abrir la puerta y pasar. Lo hice cien veces. Cuanto antes lo haga, antes podré cambiar de lugar con Kennedy y volver a investigar el cultivo de hongos. La manada puede ser horrible, pero si vuelvo a alinearme y meto la cola, volverán a ignorarme. —¿Quieres una patada en el trasero para que te pongas en movimiento?— Kennedy habla desde su esquina. —Pateándola yo misma —, murmuro. Cuadro mis hombros tanto como puedo llevando una enorme bandeja redonda, y luego abro la puerta batiente con mi cadera y la sostengo para Mari y Annie. Cien cabezas giran. Las voces se callan excepto por una risa desagradable aquí y allá. Contra mi voluntad, mi mirada se dirige a Damian. Está en su lugar en el estrado, su corpulencia abruma la silla p

