Quiero ver surgir en sus desalmados ojos grises la comprensión de que no soy insignificante; no soy un agujero al que follar, ni un útero al que sembrar, ni una picazón que rascar, ni lo que sea que él crea que soy; quiero verlo darse cuenta de lo que es. Realmente lo soy el instante antes de arrancarle la cabeza de un mordisco y aplastarle el cráneo entre mis dientes como un huevo pasado por agua con su cáscara. Quiero correr en estampida a través de las boutiques, restaurantes y espacios de oficinas de lujo de los nobles hasta convertirlos en escombros. Yo podría hacerlo. Podría derribar todo el lugar, pero nunca lo haría, así que las lágrimas fluyen más rápido por mis mejillas, las limpio tan rápido como vienen y froto mi coño hasta que está aún más crudo, y no puedo soportarlo. ya no

