—Lindo.— Agarra su chuletón por el hueso como si fuera una paleta y le arranca un bocado. Los labios de Seth se curvan con disgusto. Lo hace a propósito para molestarlo. Ella usa utensilios. No le gusta la comida atrapada bajo sus garras. Seth coloca una servilleta de tela blanca en su regazo y corta la carne con movimientos exagerados como para mostrarnos cómo se hace. Nia muerde otro trozo de filete y lo deja colgar un poco de la comisura de su boca antes de sorberlo y masticarlo. Respiro por la boca y trato de no vomitar. Seth desvía la vista del espectáculo de Nia y se da cuenta de que no estoy comiendo. —¿No está preparado a tu gusto?— Su voz destila sarcasmo. Lo ignoro. Él no es mi problema. Mi problema acaba de llegar a la Cámara de los Comunes en una ráfaga de humo de leña

