NICK En mis sueños, mi lobo se abre camino saliendo de mi piel. Me despierto la cuarta mañana y Derwyn me tira piedras. Mi chaqueta está congelada en el revestimiento oxidado del remolque de Rosie y mi pie izquierdo cuelga en el agua helada del pantano, con el zapato empapado. Con los ojos todavía cerrados por el sueño, la escarcha o ambas cosas, atrapo un guijarro en el aire y se lo lanzo a Derwyn. Hay un gemido satisfactorio cuando lo golpea. —Me dijiste que te despertara a las cinco—, dice. —Baja la voz.— Parpadeo y entrecierro los ojos. El sol ni siquiera ha desaparecido de las estribaciones. Derwyn asoma la cabeza por la esquina del tráiler. Rosie todavía está dormida. Cuando ella queda inconsciente, el vínculo es un zumbido constante. Casi puedo ignorarlo. Me levanto y acerco l

