Tiene mi camisa totalmente desabrochada y ahora está acariciando con sus suaves dedos el vello de mi pecho. Mis pectorales y abdominales saltan bajo su toque y ella se ríe. —Tienes mucho pelo como ser humano—, dice. —Sí.— Seth y algunos de los otros machos se depilan con cera. A la mierda eso. —Podría afeitarlo—, le ofrezco. Se oye una brillante carcajada. —¿Por qué harías eso?— —Algunos hombres lo hacen—. —¿Ellas hacen?— Sus delicadas cejas se levantan. —Salvaje.— Sus dedos caen hasta el cierre metálico de mis pantalones cargo. Contengo la respiración. Quiero ayudarla. Guía esos suaves dedos hacia mi polla. Quiero ponerla de rodillas y cubrirla. Muerde ese cuello esbelto mientras mi nudo la hace gritar. Me abrocho las muñecas para que mis brazos permanezcan detrás de mi cabeza. El

