—No puedes. No te dejarán—. No estoy seguro de por qué los nobles apostados afuera de la puerta lo dejaron entrar con dos bandejas en primer lugar. Probablemente porque es grande y aterrador, y es primo del Heredero Alfa. —Entonces ven conmigo—, dice. —Te conseguiremos algo de comer. Nadie me detendrá—. Tiene absoluta confianza y estoy seguro de que tiene razón. Él puede hacer lo que quiera. Pero él no es mi jefe. —Me quedo aquí. Con mi gente—. Lo veo pensar en discutir y puedo ver el momento en que descarta la idea. Es como si sus expresiones estuvieran subtituladas. ¿Es porque es un tipo muy abierto o por el vínculo? Es débil, pero lo siento, vibrando entre nosotros. Me hace retorcerme. Tontear con un hombre es una cosa. Alojar una parte de él permanentemente dentro de tu pecho es ot

