- ¿Quieres que me vaya? –Pregunté después de un rato. El asintió, cosa que me hizo sentir terrible. Él no me quería aquí. Me puse mis zapatillas y tomé mis cosas lentamente, mi yo romántica, quería que él me pidiera que me quedara, pero no lo hizo. Así que salí de ese apartamento triste. Carajos, como dolía su rechazo, estaba viviendo en carne propia todo el rechazo de estos años y eso que solo había sido un día. Pero era espantoso. Cuando salí del edificio, las calles estaban un poco solas, era muy extraño ver a New York tan vació. Tal vez no lo estaba, pero así me sentía yo, vacía y sola. Caminé un rato con la esperanza de encontrar un taxi, en esta ciudad siempre había sido muy fácil encontrar uno y a estas horas, sé que estarían vacíos, no era fin de semana para que los borrachos l

