CAPÍTULO 4

1849 Words
Esa noche estuve muy inquieta, la cita con Ethan me tenía los pelos de punta, así que no logré conciliar el sueño hasta muy tarde. Para cuando me tocaba levantarme yo no había dormido nada. Me fui a la galería despierta gracias a una taza de café muy fuerte que tomé en una cafetería cercana a mi apartamento. Apenas llegué me puse con el inventario, no estaba de ánimos para pintar. Ethan me mandó un ramo de rosas a media mañana, cosa que me hacía pensar que este hombre no me conocía ni un poquito, de conocerme, habría sabido que odio las rosas, que me gustaba más verlas plantadas y no es un estúpido ramo marchitándose. Así que de una le dije a Emma que las desapareciera de mi vista. La tarjeta si la conservé, tenía una nota con la que supuse era su letra. No lo sé con exactitud, en estos dos años yo no había querido saber cosas de él porque no quería que esto se volviera personal. Emma leyó la nota por mi porque tampoco quise leerla, es que una parte de mi gritaba que me alejara, no lo sé. -Mi Sky, aunque sé que no eres mía, espero algún día me permitas utilizarlo. Rodeé los ojos apenas escuché eso, había empezado muy mal esa nota. ¿El idiota no sabía que no somos de nadie? ¿Que no le pertenecemos a nadie? -Eres una amargada Sky –Dijo Emma riendo. –Déjame terminar de leerla. Negué –Lo que empieza mal, mal termina, no quiero escuchar las tonterías que escribió. Suspiró y negó al mismo tiempo –¿Cuándo vas a volver a creer en el amor? Extraño a esa Sky romántica. -Tal vez cuando lo vuelva a sentir –Dije sacándole la lengua. Llamé a mi hermana a la hora del almuerzo, sabía que ella estaría en casa con Rachel y yo quería ver a mi hermosa bebé, mirarla me iba a inspirar, porque si, un corazón roto te inspira, pero un amor también lo hace, y yo amaba a Rachel con mi vida entera. Bree quiso interrogarme sobre mi cita de esta noche, pero Rachel, como mi salvación empezó a llorar y ella tuvo que cortar. ¿Cómo no amarla? apenas cortar la llamada la inspiración volvió a mí. Me quedé pintando por horas, hasta que Emma me apagó las luces para despegarme del cuadro. -Tienes que prepararte para tu cita, ya se acerca la hora. - ¿Sabes a qué hora es? –Pregunté estrujando un poco mis ojos. Había estado demasiado tiempo concentrada en los pequeños detalles que mi vista me estaba matando. -En dos horas. - ¿Cómo lo sabes? -Leí la nota, ahí lo decía. Suspiré –Aún quedan dos horas, es temprano. –Dije restándole importancia. Pero ella negó -A casa Sky. - ¿Te estás dando cuenta que le estas dando órdenes a tu jefa? –Pregunté riendo. -Más que mi jefa pareces mi hija. Así que cuando actúes como tal, te respetaré. –Respondió uniéndose a mi risa. Me levanté de la silla y me crucé de brazos –No te quejes cuando sea una jefa tirana. -Cuando lo seas, cosa que no pasará jamás, yo lo entenderé. Ahora, a casa – Dijo tendiéndome mi bolsa. Suspiré tomando la bolsa y me despedí de ella llenándola de pintura. - ¿Ves que eres como mi hija que va al jardín? Llenaste a tu madre de pintura –Dijo riendo. Le saqué la lengua y tomé un taxi para ir a casa. Estaba cansadísima, casi me quedo dormida en él. Me di una ducha fría para despertarme y creo que funcionó un poquito, aunque creo que el cansancio había apaciguado mis nerviosa porque me sentía relajada. Cosa que cambió al empezar arreglarme, yo no sabía a dónde íbamos y no sabía cómo vestirme tampoco. Así que tuve que llamar a mi salvación. -Vestido elegante –Dijo apenas contestó la llamada. Inmediatamente empecé a reír –¿Lo decía la tarjeta no? -Así es. Ahora continúa vistiéndote. –Dijo cortando la llamada, como si supiera que me iba a quedar hablando con ella para usarla como excusa y no estar lista a tiempo. Me frustré mucho cuando no supe que ponerme, tenía un par de vestidos elegantes que usaba cuando me tocaba exponer, pero estaba tan indecisa que llamé a Bree. Ella siempre había tenido un buen gusto para vestirse, nunca le pregunté como lo había aprendido, pero para haberse criado en un orfanato Bree era pura elegancia. Dos timbrazos y me contestó. -Vaya, ahora si quieres hablar conmigo –Dijo riendo. -Siempre quiero hablar contigo. -Me refiero al tema de tu cita con Ethan. - ¿Estas ocupada? Necesito un consejo de moda. - ¿Necesitas un consejo de moda de tu hermana la que se crio en un orfanato? –Preguntó riendo. -Si. ¿Puedo preguntar cómo aprendiste? -Por Carol, fui su proyecto apenas entré a la universidad. Con respecto a tu otra pregunta, le estoy dando de comer a tu sobrina, pero puedo hablar. -La cena con Ethan es Elegante ¿me ayudas a escoger un vestido? -Abre tu cámara y muéstrame que tienes. Le mostré todo mi closet, me hiso sacar todo lo que había ahí dentro, j***r con Bree, y es que yo no era fanática del orden, pero me estaba haciendo provocar un desastre. Después de escoger por mí y de burlarse de mi ropa de hippie, me obligó a jurarle que iríamos de compras juntas. Yo solo accedí, aceptaría todo con tal de verla disfrutar un poco de algo. Después de decirle a ella y a Rachel lo mucho que las amaba, corté la llamada y me vestí, j***r que me parecía a ella. Me dio un poco de risa verme así, pero me gustaba lo que veía. Me maquillé un poco y deje mi cabello suelto, me saqué un par de fotos para enviárselas a Bree. -Estas hermosa, te amo –Respondió a mi w******p con un par de emoji con ojos de corazón. Ethan estuvo en mi puerta puntual, con otro jodido ramo de rosas. ¿Pero porque carajos los hombres piensan que porque somos mujeres nos tienen que gustar las rosas? Apenas me las tendió rodeé los ojos. - ¿No me digas que no te gustan las rosas? Asentí –Prefiero verlas plantadas. –Dije negando –y antes que me traigas una maseta con unas rosas, prefiero verlas de mi apartamento, aquí no sobrevivirían ni un día. Aquí no sobrevivo ni yo. Lo vi suspirar en modo frustración y sentí un poco de pena, él se estaba esforzando y yo estaba siendo una odiosa. -Perdón, no quise ser pesimista –Dije tomando su ramo. –Por hoy son aceptadas, pero solo porque no lo sabias. Otro día no, así que no te acostumbres. Me dedicó una hermosa sonrisa y se relajó un poco. Puse las rosas en agua y salimos tomados de la mano, era la primera vez que caminábamos así, siendo sincera, no me incomodó en nada. Abrió la puerta del copiloto de su auto y me ayudó a subir. La feminista loca que había en mi interior quería protestar, no lo sé, creo que porque yo siempre había sido una rebelde que iba en contra del sistema. Respiré profundo para no decir nada y le dediqué una sonrisa fingida. Solo por esta noche, la noche de la cita de prueba, iba a dejar que él se comportara como un caballero. Aunque a veces me pareciera ridícula tanta atención. Llegamos a un restaurante al que yo había venido una vez, cuando un jaque árabe compró una docena de mis cuadros e insistió en invítame a cenar porque yo era una gran artista. Era un hermoso lugar, pero no era para nada mi estilo. Apenas entramos reconocí todo el lugar, nos situaron en una mesa con unas hermosas vistas, al menos en eso, Ethan había acertado porque me gustaba apreciar cualquier paisaje posible. Pidió champaña para los dos, alegando que estábamos de celebración. -Si intentas emborracharme para que pase otro beso, te informo que estas equivocado Ethan. –Dije con el ceño fruncido. El inmediatamente empezó a reír. -Solo será una copa, relájate. Respiré hondo y asentí, tenía que dejar de comportarme así con él. Cenamos mientras charlábamos, habíamos sido amigos desde hace casi dos años, porque para mí eso habíamos sido, pero esta noche, no lo sé, él se abrió un poco más a mí. Me mostró un Ethan que yo no había conocido. Un Ethan que no sé por qué ocultaba, porque definitivamente este me caía mejor. Así que yo también me relajé y dejé de ser esa Sky cuadriculada que se encerraba al mundo porque no quería volver a sufrir. Él había pedido la cena por los dos, me pidió permiso para hacerlo. Accedí creyendo que posiblemente lo arruinaría y que mi plato contendría carne, pero no pasó. Eligió perfectamente para mí, cosa que me hizo saber que él me prestaba atención, que lo de las rosas había sido un simple error. Tenerlo así, tan cerca, tan de frente, donde podía leer sus ojos me hizo sentir bien, no sé cómo explicarlo, pero me dieron ganas de besarlo. Quise golpearme cuando me descubrí pensando en sus labios. Sé que él me atrapó viéndolos, sé que sí y que eso definitivamente le había gustado porque noté un brillo diferente en sus ojos. Después de cenar caminamos un poco, volvió a tomar mi mano y nuevamente no me incomodó en lo absoluto. La velada no había estado mal, tenía que aceptarlo, su compañía tampoco había estado mal. Estaba perdida en mis pensamientos, un poco relajada cuando él me sacó de mis pensamientos. - ¿Te gustaría tener otra cita? – Preguntó sonriente. - ¿Puedo preguntar por qué quieres tener otra cita conmigo? Asintió –Porque me parece que esta noche fue un éxito y quiero seguir viéndote. Claro, si te parece. - ¿Me estás diciendo que, si digo que no, me vas a dejar tranquila? Lo escuché reír –Lo dije por cortesía porque sabes muy bien que eso no pasará. -Es un poco innecesario el acoso porque igual te iba a decir que sí. Inmediatamente el detuvo su paso, haciendo que yo me detuviera también. Lo miré confundida y estaba sonriente. Aun preguntaba ¿Cómo podía ser tan feliz todo el tiempo? No sé en qué momento me atrajo hacia él, haciendo que quedáramos uno en frente del otro o bueno, mi cara en su pecho porque evidentemente me sacaba demasiados centímetros de estatura. Instintivamente subí mi cara y lo miré, aún tenía una sonrisa dibujada. -Esta es la mejor noticia del mundo. -Eres un poco exagerado, es solo una segunda cita. -No es solo una cita, es LA CITA con la mujer de mi vida. Que dijera eso tan cursi me llegó, no sé porque, pero se sintió bien. Así que lo besé. Devoré sus labios, esos labios en los que había estado pensando en la mayor parte de la cena.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD