Respiró hondo mientras miró su figura frente al espejo.
Luego de que Cole y Saskia pasen por una reconstrucción emocional —Al cual se basaba en comer helado y ver películas hasta dormirse—, volvieron a ser ellos mismos. Cole se alegraba de relajar a su hermana, siempre era fácil de estresar, pero se alegraba de que después de todo sea sencillo subirle el ánimo.
Solo debía de darle potes de helado, unas bromas y listo. Era bastante sencillo.
Pero, aunque su hermano había hecho todo su patrón de “relajación-de-mellizos” Saskia no pudo evitar volver a sentirse un manojo de nervios porque después de todo, era su ceremonia de iniciación al aquelarre Van Ewen.
Lo cual no iba a ser muy difícil. La ceremonia iba a ser bastante tranquila. La marca no suele doler gracias a la magia, pero de igual forma Saskia sentía los nervios casi incontrolables de su ser. Una parte de ella quería correr hacía su casa, encerrarse en su habitación y ver Friends, pero su parte más responsable le decía que debía de estar en el instituto y quedarse allí para ser marcada. Después de todo, seguía estando sin magia; solo con poder y no quería correr el riesgo de que otro grupo de cazadores vaya a por ella.
Las normas de varones separados de mujeres del edificio hacía que ambos estuvieran separados. Cole se preparaba junto a su tío Paul al cual tenía suerte de que después de todo también sea hombre como él. Sin embargo, Saskia no tenía tías, mucho menos primas, ni hablar de madre o alguna figura femenina que pudiera aconsejarla. Por lo que, estaba sola.
Casi deseó tener a Karteen a su lado, era extraño, pero aunque ella aseguraba ser inofensiva y muchas veces no aparentaba serlo, Saskia se sentía segura a su lado. Incluso cuando le mentía tanto.
Maldita normas de edificio que también alejaron a Karteen, quien nadie que no sea brujo no puede entrar al edificio. Excepto de aquella vez que las Serpientes Alemanas entraron rompiendo toda la salvaguarda, ese día sí que había sido extraño.
Miró su alrededor, tenía que esperar que vayan a indicarle que todo esté listo, allí abajo la esperaban todo el aquelarre, al cual si su memoria no fallaba eran más de trescientos. Pero, incluso teniendo a trescientas personas allí se sentía sola. Odiaba siempre sentirse sola.
Caminó hacía la cama, sus tacones eran bajos, casi inexistentes y su vestido blanco la hacía ver como si fuese una monja, pero no pudo quejarse. Ropa estricta de iniciaciones. Al sentarse en la cama, miró aburrida el Sabbat que había dejado allí.
—Me iniciaré y no podré ni siquiera abrazar a alguien. —Le dijo, como si el libro pudiera escucharla.
Se había aliviado de cierta forma saber que el Sabbat protegía a Cole a tal punto que también la protegía de ella. Es decir, podía tocarlo sin necesidad de entrar a su mente. Saskia deseó que también protegiera el mundo entero para poder estar sin miedo de tocar, pero después de todo, su poder cada día evolucionaba más y el Sabbat solo se limitaba a proteger únicamente a sus dueños.
—Quiero llorar, pero ni siquiera tengo motivo. —Se frustró. —No quiero una marca, no quiero pertenecerle a Blair. No después de como me dejó como idiota. —Le contó, mirando el pobre libro de reojo. —No es que sea malo tampoco, él desde un principio se quiso alejar, pero yo igual me acerqué. Me da igual la edad, siempre excuso el haber crecido sola como forma de verme más madura pero realmente soy una inmadura y él lo ha notado. ¡Le quiero echar la culpa, pero la única culpable soy yo!
Se acostó en la cama, frustrada. ¿Por qué tardaban tanto en llamarla? ¡Quería acabar con esto ya!
—Pero no me quejo. —Continuó. —No tengo magia y viendo recuerditos no me salvo de cazadores así que lo necesito. O al menos para que quizá pueda sacarme un poco de poder.
Apoyó el brazo y se recargó en el para mirar de costado al libro.
En cualquier momento dejaba de ser un libro de brujería para ser un diario íntimo. Saskia estaría encantada sin dudas.
Iba a volver a quejarse, sin embargo, su teléfono suena. Desliza la mano por encima de la cama sujetando el teléfono y ve el nombre de Karteen en su pantalla.
—¿Sí? —Seguía ofendida por sus secretos, pero Saskia no era de las personas que podía guardar rencor o ignorar a alguien.
—Bien, un avance: me has cogido el teléfono.—Karteen parece consolarse a sí misma. —Creo que hemos quedado en una mala situación ayer, así que no sé… ¿Quieres hablar?
—¿Te disculparás por ocultarme la verdad?
—¡Karteen Snow no se disculpa! —Se horrorizó. —Además, tú debes disculparte por ser tan terca, j***r. Entiende que otra persona te explicará cuando sea el momento ¿Sí?
—Da igual. —Se encogió de hombros, aunque no la pudiera ver. —Estoy algo ocupada ahora, pero mañana seguramente vaya al instituto, te veo allí.
—También llamaba para avisarte que el inútil de Hunter por fin ha servido para algo y nos ha invitado al billar esta noche. ¿No es una genialidad? ¡Sirve para algo! Crecen taaaaaaaaaaan rápido.
—¿Y su pierna?
—Sigue con muletas. Mejor, podemos apostar cuantas veces se cae en un minuto.
Saskia se ríe.
—No puedo. Estoy en una especie de… fiesta de brujos.
Karteen guardó silencio unos segundos.
—¿Fiesta de brujos? Me he enterado de una iniciación, pero no me ha interesado saber de quién ¿Es aburrido? ¿Hay brujos guapos?
—Bueno aún no lo sé. Estoy encerrada hasta ser llamada.
Silencio de nuevo.
—¿¡Te estás iniciando!?—Medio gritó, con horror. Toda la diversión fue remplazada por ira.
—Mmm… Puede ser. Depende de como reacciones. —Frunció sus cejas, confusa.
Se escuchó ruidos como si Karteen comenzara a correr por el dormitorio, luego escuchó eco lo cual le indicó que se había puesto sus botas y el impacto del tacón hacía el eco que solía hacer sea donde sea que llegaba. Era extraño, incluso la forma de pisar era llamativa.
La puerta se abre, era Paul. Asoma lentamente su cabeza y cuando la ve, le sonríe.
—Debo irme. —Avisó Saskia.
—¿Eh…? ¡No! ¡No, no! ¡No te atrevas a colgar…
Tarde. Saskia ya había cortado.
—¡Estás hermosa, Saskia! —Paul entró, con lágrimas en sus ojos mientras se acercó para abrazarla.
Saskia alzó la mano en el aire.
—Lo siento, tío. Sin abrazos.
Paul al instante le sonríe en forma de disculpas, recordándolo.
—Creí que los hombres no podían estar en este sector. —Frunció sus cejas, mirando por encima de su hombro como había cerrado la puerta.
—Sí, pero me he escabullido. Cole me dijo que seguro ibas a estar nerviosa y él está rodeado de sus amiguitos así que se le hará imposible librarse de todos y venir, así que espero que no te moleste que venga este tío loco.
—Claro que no me molesta. —Le sonrió divertida.
—Tus padres hubieran estado tan orgullosos, Saskia. Realmente hubieran estado muy orgullosos de lo rápido que crecen ustedes y su magia. —La mira de arriba abajo, intentando memorizar en su mente como su sobrina luce. Era un honor presenciar su iniciación, sentía que presenciaba la iniciación de su propia hija.
—Ya no seré tan bruja inútil ¿Eh? —Bromeó—Avanzo niveles, tío.
Por supuesto aún nadie sabía su interés en perder su magia.
—Que sepas que estás grande, pero no lo suficiente para beber de mi licor, eh. Te corto las manos si llegas a tocar una sola botella.
—¡Tengo dieciséis, tengo el derecho de experimentar!
—Pero lejos de mi licor. —La apuntó con el dedo.
—No tocaré tu licor. —Le puso mala cara.
—Júralo. —Le puso mala cara.
—Lo juro.
Paul sonríe, no supo que le causaba más felicidad: la iniciación o ese juramento.
—¿Alguna vez tuviste dudas sobre tu iniciación? —Preguntó.
Paul camina hacía la cama, estar tanto tiempo parado a veces solía dolerles las piernas. Los años comenzaban a ser cruelmente notorios.
—No lo recuerdo. Fueron hace muchos años, yo tenía diez años. Pero si recuerdo la iniciación de tu padre. Él se inició a los dieciséis también, porque quería recordar como fue con exactitud. A mi diferencia, no me interesaba mucho recordarlo o no, nunca fui tan sentimental como su padre.
—¿Y has estado en la iniciación de mi madre?
—Conocí a tu madre cuando tenía seis años, en el edificio. Ella se enamoró perdidamente de Nathan pero fue muy amiga mía, su iniciación fue apenas nació, su madre no quería una niña indefensa sola sin marca. La paranoia la hizo iniciarla antes de que ella pudiera tener noción de sí misma.
—¿Se arrepintió?
—Que en paz descanse Gia y Satán la proteja. Nunca la he escuchado arrepentida, pero a sí quien la escuche renegar es a Anna. Ella no quería permanecer a un aquelarre, decía que ella iba a ser una bruja que marque la diferencia a través de su propia voluntad. No atrás de un grupo guiado por un líder, además le caía de pesadilla Xainne.
—¿Y por qué no se fue del aquelarre?
—Quiso hacerlo, pero estaba muy enamorada de Nathan como para dejarlo. No le importaba Xainne, su madre, o el aquelarre, le importaba dejar a Nathan. Se fueron juntos cuando cumplieron veinte años, aunque solo se fueron del edificio, nunca del aquelarre.
—¿Por qué ambos no dejaban el aquelarre?
—Sabían que tarde o temprano necesitarían la ayuda de alguien. Eran jóvenes y poderosos, más cuando mi padre decidió que él tendría la herencia del Sabbat. Sin embargo, sabían que la vejez llegaría y no serían tan fuertes para cuidarse a ellos y a los hijos que querían tener.
—¿Fuimos planeados? —Lo miró divertida.
—¡Por supuesto! ¡Anne y Nathan siempre se quejaban de que no podían tener hijos! Habían perdido un embarazo antes de ustedes, fue extraño, murió a la hora del parto, toda la familia se entristeció, pero cuando se enteraron del embarazo de ustedes fueron los hombres más felices del mundo. Ustedes no tenían ni siquiera tres meses en el vientre que su madre ya buscaba preescolares prestigiosos. Y Nathan… Bueno Nathan se preparaba psicológicamente para rechazar pretendientes o hacerlos defenderse contra los bravucones. Sí él debía darle un puñetazo a un crío de siete años solo porque los hizo llorar, lo haría. Y encantado.
Saskia no pudo evitar sonreír de la ternura.
—Ojalá ellos estuvieran acá. —Soltó, sin ni siquiera ser capaz de retenerlo por mucho tiempo.
—También pienso en ellos, Saskia. —Se lamentó. —Era mi hermano, y ella mi amiga. Su partida fue dolorosa.
—¿Jamás te has enfadado porque el Sabbat le quedaría a mi padre y luego a nosotros y a ti no?
—No. Nathan siempre fue muy responsable, él cuidaría mejor el Sabbat. Además, siempre preferí ser libre. Estos diez años que lo he guardado han sido estresantes, vivía paranoico. Sabía que el libro no era mío, pero ustedes estaban muy chicos para darles la responsabilidad. Mi meta siempre fue al menos esperar a los diecinueve, pero la magia que tenían ya casi era imposible de controlar o bloquear, tuve que decir la verdad.
—¿Por qué no crecimos como los demás brujos?
—Anna quiso que ustedes tengan la opción que ella no tuvo. —Se encogió de hombros.
—Pero… ¿Xainne no se enojó? —Preguntó confusa.
—Supongo que no. —Respondió, dubitativo. —No lo sé, Saskia.
Bajó la cabeza, pensativa, pero la puerta se golpeó. Supo que esa era la señal de que debía de hacer esto, debía de comenzar su iniciación.
Miró su teléfono, estaba sonando, pero ya no podía chequearlo. Paul se puso de pie y le sonrío para luego caminar hacia la puerta. Se detuvo cuando llegó a ésta y notó que Saskia no se había movido de su lugar.
—No sé si quiero hacerlo.
—Cariño, sabes que es la mejor opción. No los presionaría, pero realmente no puedo correr el riesgo de perderles, no tienes magia para defenderte. Es la mejor opción.
Meneó la cabeza y se centró en inhalar profundamente y luego exhalar para comenzar a caminar hacia la salida. Antes, por supuesto, escondió el libro. Al salir, notó que todo el pasillo de su dormitorio en el edificio estaba repleto de personas. Uno al lado de otros, como si fuese un camino de brujos los que la guiaban al destino. Miró a todos confusa, pero se tranquilizó cuando Paul le dio igual.
Caminó entre los muros de personas al cual parecían soldados, todos estaban con la mirada fija hacia adelante. Saskia trago en seco, algo incomoda mientras caminó, pero sonrió ampliamente cuando notó que en el otro lado del pasillo se encontraba Cole con la misma cara de horror hacia las personas que hacían los muros.
—¡Cole! —Chilla en un susurro.
Cole la mira y la mueca que tenía se remplaza por una sonrisa.
Caminó hacía ella y la abrazó. Ella hundió la cabeza en su pecho cerrando sus ojos. Parecía que se habían separado por meses cuando en realidad solo fue por un día. Los habían dividido en la mañana y ya era de noche.
Se separaron, y se quedaron mirando el uno al otro intentando darse mutua tranquilidad. Volvieron la vista al frente y comenzaron a caminar.
Todo el camino le llevó a Blair quien estaba parado junto a una gran fuente dorada donde salían llamas de fuego color azul. Saskia sintió como una de las manos de Cole sujetan la suya en forma de apoyo y ella desvió la mirada hacía él para darle una fugaz sonrisa. Al llegar hacía Blair como pudo, alzó su cabeza y lo miró. Se sintió extraña mirándolo, ella le quería, de una forma inexplicable y un poco apresurada mientras que él… se lo notaba tan frío.
—La iniciación a un aquelarre no es solo la unión a un grupo de brujos. —Comenzó. —Es más allá que ello, es más emotivo. Akikel en el grupo de los ángeles desterrados liderados por Azazel y guiados por Satán, nos creó con el propósito de demostrar al mundo el poder que todos podemos llegar a conceder. Nos bendijo con poderes al cuales poco a poco fueron evolucionando, nos bendijo con la magia y obviamente con una familia que siempre estará unida.
Saskia frunció sus cejas mirándolo. De alguna forma u otra se nota que Blair luchaba con todas sus fuerzas para no mirarla mientras hablaba. Siempre decía lo mismo en las iniciaciones, pero aun así esta vez, a él le costaba.
—Un líder no es quien obliga a tomar decisiones o somete a sus leales, un líder enseña, prospera y piensa en el avance del aquelarre sobre todo lo demás. Y es para mí un honor… Recibirlos en el aquelarre. Akikel nos dio la elección de crecer por voluntad propia, pero tras perder la guerra con Dios tuvimos la obligación de pactar. Él permitirá nuestra existencia solo si se cumplen sus leyes. Ley número uno: No mostrar nuestro lado mágico a humanos o seres ignorantes a nuestra r**a.
Sintió un escalofrío.
—Ley numero dos: No dañar a ningún humano.
«¿Cómo lo hizo Samantha?» se preguntó.
—Ley número tres: No revelarse jamás ante la autoridad de un líder, y mucho menos ante la autoridad de Akikel. Cualquier ley que se rompa será condena a expulsión y por ende, destierro de magia y recuerdos sobre el aquelarre y mundo mágico.
Tragó en seco. ¿Por qué le costaba tanto iniciarlos? Saskia frunció sus cejas, fue la única que notó su dificultad al hablar. ¿Qué le sucedía?
—La unión es el verter doce gotas de sangre en el fuego azul, y acto seguido comenzarán a sentir la marca tallarse en vuestra piel.
Cole fue el primero en coger la daga que se encontraba a un lado, cortó de la palma de su mano e hizo un puño donde dejó caer su sangre a la fuente de fuego azul. Saskia miró con atención como las doce gotas comenzaron a caer y el fuego parecía avivarse más con la caída de éstas.
Al instante Cole se mueve en su lugar incomodo, cierra sus ojos unos segundos y luego los vuelve a abrir, lleva una mano a su hombro donde se sacó un poco de la camisa para enseñar y ver como lentamente en su piel se comenzaba a tallar la marca del aquelarre en su hombro. No le dolía, pero ardía mucho.
Saskia miró la mano sosteniendo la daga dubitativa.
—Tú turno Saskia. —Blair notó su confusión.
Otro látigo de dolor se mezcló en su cabeza y cerró sus ojos, pensando si era la decisión correcta. Después de todo, no podía echarse atrás por un dolor de cabeza. Suspiró profundamente mientras cogió la daga en sus manos y la quedó mirando. Se hizo un pequeño corte en la palma y luego hizo un puño para alzar la mano sobre el fuego y dejar caer las gotas.
Una gota. El dolor de cabeza se intensificó.
Dos gotas. Pareció entrar una brisa al edificio.
Tres gotas. Un escalofrío por toda su espina dorsal.
Cuatro gotas. Susurros, aunque nadie parecía hablar.
Cinco gotas. El ardor en el hombro comenzó.
Seis gotas. Sintió nauseas.
Siete got…
—¡No!¡No!
Miró a su lado asustada. Todos le sonreían, como si nadie hubiese escuchado esos gritos.
Ocho gotas. Saskia dudó si dejar su mano o sacarla.
Nueve gotas. Tuvo el impulso de quitar su mano.
Diez gotas. Miró a todos lados, confusa y mareada.
Once gotas. Sacó su mano.
Llevó la mano hecha un puño refugiándola a su pecho. Alzó su cabeza, horrorizada y asustada para ver a Blair. Todo el mundo la miró con extrañeza, y no tardaron en murmurar entre ellos. Cole no tardó en agarrarla del hombro y fruncirle el ceño, preocupado.
—¿Qué paso? ¿Por qué te has detenido? Falta una gota.
—N-No lo sé. Yo… No sé.
—No es tiempo de sus bromas. Tienen que iniciarse. Es una falta de respeto para el aquelarre y para Akikel—Blair se quejó.
—Oye. —Cole la mira, enfadado. —Deja a mi hermana en paz.
—No estoy diciendo nada del otro mundo. Tienen que dejarse de bromitas.
—¿Bromas? ¿Crees que lo que le sucede a Saskia es una broma?
Todos lo miraban estupefactos, jamás habían visto a alguien revelarse ante su líder, mucho menos alguien hablarle sin el debido respeto. Se sentían dentro de una película al cual no suele suceder mucho, por no decir nunca.
—Por supuesto que no.
—Pues eso has dicho.
—Solo digo que no pueden detenerse así ahora.
Cole presionó sus labios.
—¿Sabes qué? Esperaba a que termine la ceremonia para hacerlo, pero da igual.
Entonces, Cole alza su mano en el aire. Saskia lo mira confusa hasta que nota que chasquea los dedos y entonces, al instante, ve como algo se mueve del segundo piso. Enfocó al instante un gran bote de pintura atado a lo alto.
Y se vuelca en la cabeza de Blair.
Saskia abre la boca de par en par, con los ojos bien abiertos mirando como la impecable ropa blanca se comienza a teñir de amarillo y plumas. Todos comienzan a murmurar aún más alto y Blair se queda congelado en su lugar con los brazos ligeramente alzados sintiendo por toda su cabeza, ropa y espalda la pintura caer.
—Nadie hace llorar a mi hermana y vive para contarlo. —Dice, muy digno.
Entonces, Blair hace una mueca llevando una mano a su abdomen con dolor.
—¿A parte de plumas que le has tirado a la pintura? —Susurró Saskia, escuchando como todos ríen, pero Blair hace una mueca, adolorido y nadie lo nota.
—Solo plumas y pintura.
—¿Y por qué le duele?
—¿Será alérgico?
—Pues se lo merece.
—Me hubieses dicho algo sobre el plan.
—Era una sorpresa. ¿Te ha gustado?
—¡Por supuesto!
—¡¡CHICOS!!—Gritó irritado Blair, quien aún lo tenían al frente.
Entonces las risas a su alrededor comenzaron a disminuir. Todos comenzaron a notar su dolor.
—Alguien intenta romper las salvaguardas. —Blair informó.
Genial, debía de enfrentar al intruso pareciéndose literalmente a un pollo.
Inhalo profundamente comenzando a caminar hacia la puerta principal, todos se apartaron para dejarlo pasar, mientras que el pobre dejaba un camino de pintura y plumas por donde iba. Saskia y Cole lo siguieron, quizá eran las Serpientes Alemanas de nuevo y debían de estar.
Pero, Blair apenas llega a la puerta principal, se gira, dándole la espalda y mirando a los demás brujos y alza sus manos para hacer un círculo donde un humo verde comenzó a salir. Hizo un círculo repetidas veces, moviendo su brazo hasta que extendió su brazo en un puño y acto seguido, una capa verde rodea el aquelarre.
—¿Qué es esto? —Preguntó Saskia.
Cole, quien ya había estudiado de esto le respondió.
—Una salvaguardas temporal. Nos protegerá mientras él irá a ver qué es lo que intenta entrar.
—¿Nada puede romperlo?
Paul aparece, enfurecido.
—¿¡Qué fue eso!? ¡Es su líder! ¡¡Y ahora parece un pollo semi desplumado!!
Blair puso mala cara escuchándolos, pero salió del edificio.
—Se lo ha merecido. —Saskia se cruza de brazos, defendiéndolo
—Un líder se respeta. —Tensa su mandíbula. —¡Se tendrán que disculpar! ¡Qué vergüenza!
Puso los ojos en blanco y miró la capa de magia que la alejaba de la puerta. Cole también miró su dirección.
—¿Estás pensando lo mismo que yo? —Le preguntó.
Paul los miró desconfiado. Nada le daba más miedo cuando los mellizos hablaban en código.
—Sí. ¿Lo intentamos?
—¿Qué perdemos? —Saskia se encogió de hombros.
—Ni vergüenza tenemos. Intentémoslo.
—Eh… ¿Chicos? —Paul los miró con horror.
Cole retrocedió unos pasos, miró la puerta y luego movió de arriba abajo sus hombros preparándose físicamente para correr. Un segundo… Dos segundos… Tres segundos… y entonces corrió.
No llegó muy lejos, chocó contra el campo de fuerza y cayó como si fuese una bolsa de patatas al suelo. Llevó ambas manos a su cabeza y se frotó la herida, adolorido. Efectivamente la salvaguarda que había colocado Blair para mantenerlos a salvo era tan fuerte y poderosa que nadie podía salir o entrar. Ni siquiera un Hewitt.
—¿¡Qué intentan hacer!?—Chilló nuevamente Paul. —¡Qué vergüenza ajena dan! ¡Nadie puede romper la barrera, es magia ancestral del líder! ¡Satán!
Saskia ayudó a poner de pie a su hermano.
Pobre, todos en el aquelarre los miraban como si fuesen estúpidos.
Algo lo son…
—¿Y si se muere allí afuera? —Pregunta, llevándose las manos a su cintura.
—Pues mejor. —Bromea Cole.
Paul abre mucho los ojos, como si lo hubiesen insultado a él mismo. Definitivamente debía enseñarles modales con los líderes de los aquelarres.
Saskia en cambio, prefirió no escuchar el discurso y miró la barrera con los ojos entrecerrados. Si podía ignorar la magia de su collar también podía ignorar la salvaguarda.
—Cole tu mano. —Le pidió.
Cole la queda mirando unos segundos, sin embargo, al entender le coge la mano al instante.
Saskia alza su mano libre apuntando a la barrera y la estira. Pareció dejar de escuchar a todos a su alrededor, su concentración fue máxima. La salvaguarda era una burbuja viscosa, de muchos colores tenues y gruesa. Al apoyar la palma de su mano en ella sintió la fuerza que ejercía, tal como si estuviese tocando un muro de ladrillos y no una simple burbuja.
Estiró la mano un poco más, hundiéndola en la burbuja y efectivamente logra que su mano atraviese la salvaguarda. Quiso brincar de la alegría, pero se limitó a soltar el aire por la nariz y sonreír ampliamente, intentando seguir conservando la concentración.
—¿Cómo…? —Paul palidece.
Saskia siguió introduciendo su brazo y poco después también su cuerpo. Sin soltar a Cole, él logró pasar detrás de ella, muy lentamente. Al atravesar la barrera notaron que ambos estaban del otro lado y todos en el aquelarre habían presenciado como una bruja normal —y no tan bruja—, por primera vez era más fuerte que la magia de un líder.
Cole y Saskia fueron hacia la puerta, un poco intimidados por quienes lo veían como si fuesen unos alienígenas. Al salir, notan perfectamente como Blair estaba de pie frente a Karteen y el chico que había conocido ayer, mejor llamado Austin.
—No puedes hablarme con tanta seguridad mientras te pareces un pollo. —Le decía Karteen, desde el otro lado de la segunda barrera al cual intentaban romper y atravesar para entrar, efectivamente no lo estaban logrando.
—¡No puedes interrumpir esto, Karteen!
—Claro que puedo. Mírame hacerlo.
—Sabes que éste es territorio de brujos. Tus amigos cazadores no podrán protegerte aquí.
—¿Y qué más da si hago que vengan aquí? Encantados estarán de que venir a cazar brujos.
—No te atreverías.
—¿Estas subestimándola? ¿En serio? —Austin lo mira divertido.
—Estaría encantada de ver como mueren uno por uno.—Karteen le asegura.
—Allí dentro hay niños, bebés, ancianos. —Tensa su mandíbula.
—¿Y me tiene que interesar? —Carcajea. —Presta atención, porque la próxima que me hagas repetirlo será por las malas: Quiero a los mellizos.
—¿Por qué? —Habla Cole. Haciendo que todos giren a ver su presencia. —¿Por lo qué iríamos contigo? No nos eres sincera.
Karteen parece visiblemente más relajada cuando los ve.
—j***r, vengan, no puedo entrar, pero ustedes si salir. —Pide Karteen, haciendo un movimiento con su mano.
—¿Por qué? —Repitió Cole.
—Porque no pueden iniciarse. —Tensó su mandíbula. —No es momento de dudas. Confíen en mí, vengan.
—No irán a ningún lado contigo, Karteen.—Le asegura Blair.
Saskia presionó sus labios, no le gustaba dejarla sola, pero debía de admitir que no tenía motivos para abandonar el edificio.
Karteen notó esa vulnerabilidad en ella, por lo cual la miró, insistiéndole en la mirada.
—Por favor. Tienen que salir de ahí.
—¿Por qué? —La mira, confusa. —Nos dices que nos vayamos, pero ¿A dónde vamos? Necesitamos un aquelarre porque después de todo, son tus amigos cazadores quien buscan matarnos luego.
—Nadie les dañará. —Le asegura Austin.
—¿Y tú quién eres?
—Austin. —Se presenta. —No es momento de presentaciones, tienen que venir con nosotros.
—Nadie está respondiendo nuestra duda. ¿Por qué? —Cole se cruza de brazos.
—Tenían dudas. Tenían curiosidades. —Karteen habló. —Les dije que yo no podía decírselos, pero sé quién sí. Austin se lo contará. Todo. Absolutamente todo.
—Dijiste que tenía que ser alguien con empatía, y después de todo, ¿Cómo va a tener empatía él si ni siquiera nos conocemos?
Austin relamió sus labios, preparado para dar la contestación.
—Porque nada de lo que creen es real. —Pausó— Nosotros hemos sobrevivido a la cacería.
—¿Qué estás diciendo?
Austin suspiró como si le costara decirlo.
—Soy Austin Hewitt. Mejor dicho, soy vuestro hermano.