Nuestra vida íntima con mi esposo ha dejado mucho que desear. No, los sentimientos no se desvanecieron, seguimos amándonos, pero fue el sexo y las sensaciones y emociones que se desvanecieron. Ambos estábamos cansados en el trabajo, ambos nos dormíamos en cuanto tocabamos la almohada, ambos teníamos tantas cosas que hacer los fines de semana que por la noche nos sentíamos como limones exprimidos. Y si sucedía un milagro, y teníamos tiempo para satisfacer el instinto básico, entonces pasaba de alguna manera rápido, de manera estándar en el dormitorio y ciertamente con las luces apagadas. No importa cómo me sintonice, me siento aliviada en el mejor de los casos cada dos veces. De ahí el nerviosismo, el mal humor, la insatisfacción en todo. ¡De acuerdo, suficiente! Era evidente que esta s

