Sentí un dolor agudo y clavé mi mirada en él. La lujuria ardía en sus ojos. “Los hombres dijeron que no te rindes por el culo bajo ningún pretexto.” Se lamió los labios, dijo. “De hecho, por eso estoy aquí. Me gustó tu trasero en la presentación. Quiero privarte de la virginidad anal.” Todo dentro de mí se enfrió de miedo. Bajé la mirada hacia el m*****o, que parecía aún más y brillaba con mis secreciones. No podía creer que esta enorme cosa encajara en mi inocente ano. Le he negado el sexo anal a los chicos tantas veces para permitirle a algún ghoul del trabajo que parece una ‘gopnik’ y que, aparentemente, las mujeres normales no le dan. Los hombres me rodearon. Y nuevamente, dedos gruesos entraron en uno u otro orificio, se retorcieron en ellos, presionaron las paredes delgadas, un es

