El profesor tuvo que apretar los dientes para no gritar de placer y agarrar su pene por la base con la mano para retrasar el momento de la eyaculación. Él volvió a deslizar su m*****o en la garganta de la joven criatura, de la sorpresa ella se sacudió para alejarse, pero el hombre le agarró la cabeza con las dos manos, sin permitirle que se alejara, y comenzó a embestir su boca mesuradamente. Desde la penetración profunda, la niña comenzó a tragar aún más rápido, para no ahogarse con el m*****o, pero tan pronto como sintió que su cabeza estaba siendo sostenida con fuerza, entró en pánico. Al darse cuenta de que no funcionaría ahora, aceptó humildemente su destino y relajó la mandíbula, tratando de respirar por la nariz y dejando que el hombre se moviera como quisiera. La saliva le corría

