Una tranquila ciudad de provincias, la misma tranquila vida de provincia... aunque no podía llamar a mi vida tranquila entonces, ni siquiera ahora. Conocí al segundo marido de mi madre cuando era casi una adulta, siendo, como me parecía entonces, ya adulta y habiendo visto todo en mi vida. Alexander Ivanovich era más joven que mi madre, pero incluso a sus treinta y seis años, no podía detenerse. Atlético, siempre bien afeitado y recortado, con una chaqueta a la moda y zapatos lustrados, me pareció que despertaba un sentimiento de lujuria en mis compañeras, cuando de vez en cuando, al pasar a la hora del almuerzo, pasaba a recogerme después de la escuela para llevarme a casa. Estos tontos pintados pensaron que no solo me estaba mirando por nada, abriendo galantemente la puerta de su Merc

