ÁNGELA
Fui a la habitación y nos acostamos en la cama, con Alaia en el medio.
Connor puso las princesas y nos acostamos en la cama; yo tomé la cabecita de mi hija y comencé a darle un beso.
Connor colocó mi mano en la cara.—"Cálmate, no queremos asustarla".
—"No puedo controlarme, no puedo permitir que le haga daño, no a ella".
—"Ni lo imaginé, no lo vamos a permitir, pero tenemos que tener la mente fría. Si es familia de Donato, no descansará hasta matarnos".
—"Necesito saber cómo se ve, quién diablo es; no podemos tener un puto enemigo anónimo".
—"Voy a ver qué ha investigado Max y a llamar a algunos militares".
Él se acercó y me dio un beso en los labios, y luego se inclinó y depositó un beso en la frente de Alaia.
Ella se giró hacia él.—"Te vas".
—"Vuelvo enseguida, princesa".
—"Ya está empezando la princesa, no te vayas, por fi, papi".
—"Regresa de una vez; cuando vengas, me cuentas qué me perdí".
Él se fue y abrí la gaveta de la mesita de noche, saqué mi pistola que estaba dentro.
Mire a mi hija. —"Quería que tuviera lo que no puede tener de pequeña, pero en esta vida de mafioso, esa vida no existe".
Ella se gira hacia mí. —"Mami".
Saqué el cargador, le puse el seguro y luego le di la pistola. Me recordó a mí cuando tenía su edad; ya estaba disparando a lo loco.
—"Esto es una pistola, cariño. ¿Quieres aprender a usarla?"
—"Sí".
Ella me sonríe con emoción y yo le tomo la parte de atrás de su cabecita y le doy un beso en la frente.
—"Mami te protegerá con su vida".
Puse la pistola en la cama, agarré a Alaia por la cintura y la coloqué en el suelo. Luego me giré para tomar la pistola y la puse en su mano.
—"Agarra la aquí".
Ella agarra la pistola con torpeza, pero la ayudo a que pueda hacerlo bien.
—"Y aprietas aquí para disparar".
La puerta se abrió y Connor entró, mirándome mientras le enseñaba a Alaia a disparar.
Me paré y fui hacia él. —"No quería, pero tiene que aprender a defenderse desde pequeña".
—"Amor está en su sangre; teníamos que enseñarle desde antes".
Él se gira hacia Alaia.—"Vamos, princesa, muéstrame lo que mami te enseñó".
La noche cayó. Después de cenar, decidimos que Alaia durmiera con nosotros.
—"Le avisaste a tu padre del nuevo hermano de Donato".
—"Sí, lo llamé, pero como no respondió, le envié un mensaje".