Todo el tiempo pienso en la vida que deseo tener y no me doy cuenta de que también estoy viviendo en este preciso instante. Me da curiosidad el acalorado panorama de Melbourne, los años de existencia del edificio donde vivo, el precio de los zapatos de Paris que pisan el baldosín del estrecho pasillo donde nos encontramos frente a frente un poco antes de la entrada a mi casa, ya nos dimos varios besos, pero me he vuelto a alejar porque sigo siendo el corderito pequeño que no cree merecer la comida. Ella sostiene su cabeza sobre pared y examina con una mirada casi plácida como si le gustara ver mi enredo mental, me pregunto que pensará el vecino chismoso que deja todas las puertas y ventanas abiertas en este momento «¿Por qué esta chica es tan normal y cada vez que viene la otra tiene car
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