En la oficina de Polymorphic que debo ocupar cinco días a la semana hay sólo tres bonitos adornos y dos son de Sergi, un pisa papeles con forma de pirámide que es medio inútil, un cuadro pequeñísimo en óleos de una bailarina y un reloj digital que algún día quitaré porque me pone nerviosa. Se ve todo ordenado, básicamente porque no usamos papeles ni nada aparte del ordenador, pero hoy el olor desgastante que genera la proximidad del mar me pone ansiosa y siento todo pegajoso y lleno de polvo. — ¿No te gustaría limpiar un poco? — le pregunto a Sergi. Él da una vuelta entera en la silla, que es su actividad favorita después de comer y niega con la cabeza. — ¿Te está dando un ataque de criada? — pregunta, lo medito un segundo y afirmo. Dejo entonces mi trabajo, comienzo a abrir cajones,

