Las clases de Darío terminaban una hora después de las de Badir, así que en cuanto estuvo libre se fue al estacionamiento para esperarlo e irse juntos a la casa de su profesor. —Hubieras ido por las llaves para que no estés allí parado —mencionó Darío mientras se acercaba. —No tengo ningún problema en esperarte. En cuanto escuchó el chasquido de los seguros destrabándose, entró al automóvil. Darío también ingresó y se estiró en medio de los asientos para dejar su portafolio en el asiento de atrás, al ver el amplio pecho acercarse, no pudo evitar inclinarse para besar ese sensual cuello. Su profesor se incorporó de nuevo en su asiento y lo atrajo para darle un beso en la frente, su piel rasposa le hizo cosquillas haciéndolo reír con suavidad. No tardaron mucho en llegar a la casa para h

