Las semanas pasaban y el ambiente en la clase de cálculo era cada vez más pesado. Badir trataba de concretarse para aprender, pero el profesor se había vuelto más duro y ya no había nadie en el salón que entendiera sus clases. Todos se veían resignados y no había quien hiciera un esfuerzo por hacer sus tareas o tomar nota, algo que seguramente Darío ni se había dado cuenta pues en cuanto les daba la espalda para comenzar a escribir sus garabatos, no había poder en el mundo que lo despegara de la pizarra. Como si escribiera de forma automática por estar pensando en otra cosa, o al menos era lo que todos rumoraban. Badir no estaba dispuesto a reprobar el segundo examen, por lo que habló con distintos profesores para ver quién podría ayudarle, hasta que el profesor de informática accedió a q

