9- A mi casa…y a mi cama

2464 Words
Jazmín. La noche siguiente, salgo del trabajo un poco antes de prepararme. Me ducho, me afeito todas las zonas vitales, me seco el pelo y ahora estoy dando vueltas por mi habitación envuelta en una toalla, tratando de decidir que ponerme. El equilibrio es crucial. Quiero verme bien, pero no demasiado arreglada, y definitivamente no demasiado sexy. Considero que mi ropa interior más elegante es un conjunto de lencería negra de encaje, pero luego lo dejo de lado por uno de algodón blanco liso. Ropa interior sensata para una noche sensata de concebir un bebe. Solo porque Declan me vaya a ver desnuda esta noche no significa que tenga que ponerle toda una canción y baile. No es para tanto. Es el hombre más guapo que he visto en mi vida, y esta será la primera vez que me acueste con alguien en casi un año, y… Dios mío, para mujer. Por favor, deja de pensar y cúbrete las tetas>> Mientras me pongo las bragas, tengo cuidado de no rozar la pequeña, pero dolorosa roncha roja cerca de mi ombligo. Anoche me inyecté mi primera inyección de hCG. Si bien no fue una explosión de risas, tampoco fue tan malo como mi mente me había imaginado. Como con la mayoría de las cosas aterradoras de la vida, descubrí que el mejor enfoque es simplemente reunir mi coraje y dar el salto rápido, antes de que pudiera disuadirme. Ahora, si tan solo pudiera dejar de pensar demasiado en esta cita también. No, no, esto no es una cita. Lo que estará pasando esta noche no se parece en nada en una cita. Es solo una…donación informal de esperma. Dios mío, de verdad estoy haciendo esto, ¿no? ¿Negociando un contrato de semental para mí como un criador de caballitos o algo así? miro mi armario como si contuviera los controles de un jumbo jet en lugar de este viejo armario del que debería ser fácil elegir. Bien, deja de asustarte. Piensa en ello como una reunión de negocios>>. Solo porque es para dejarme embarazada no hace que las reglas del compromiso sean diferentes. Inserta el pene A en la ranura B. mantenemos la profesionalidad, porque cualquier otra cosa solo confundirá mi corazón y desdibujará los límites, y no puedo permitir que esto suceda. Claro, Declan es atractivo, divertido y amable, y esa es una gran parte de la razón por la que lo elegí… pero no como un novio. Esto no es una audición romántica. Es solo porque sus rasgos son lo suficientemente buenos como para que quiera que se los transmita a mi hijo, eso es todo. Además, no es ninguna vergüenza elegir una pareja de alta calidad que tambien sea tan guapa que duela. También podría divertirme mientras trabajo en ser fertilizada. Si, totalmente tranquila y racional, no se permite sentimientos complicados. Y si hace o dice una sola cosa que me incomode, no tengo reparos en decirle que salga de mi habitación y se masturbe en ese vaso. Tengo una carpeta llena de hombres entre los que podría elegir en el banco de esperma. Mientras lo pienso, agarro el frasco de plástico para muestras y lo meto en mi bolso, por si acaso. En el proceso, miro el reloj y casi entro en pánico porque, mierda, ya son las 5:15. ¿Cómo estuve dando vueltas en ropa interior durante media hora? Se acabaron las tonterías. Necesito concentración total. Necesito elegir un atuendo ya. Regreso al armario. Una blusa campesina color morado, botines de gamuza color beige y mis jeans oscuros más favorecedores: claro, está bien. Me visto lo más rápido que puedo, evitando la molestia en el estómago. Por un momento, me preocupo por la cuestión de las joyas, el maquillaje y el perfume, luego digo en voz alta. —Oh, por Dios, lo que usé para trabajar está bien— y me contengo al mínimo. Luego salgo por la puerta y me dirijo a Los Platitos. Como hizo en nuestra última cena, Declan me espera afuera, con aspecto nada menos que elegante. Me dedica una sonrisa brillante. —Hola hermosa. ¿Tienes hambre? — La inocente pregunta parece mucho más sucia viniendo de sus labios carnosos. Y es encantador como siempre parece tan contento de verme. —Muero de hambre— digo con sinceridad. Caminamos juntos hacia el cálido ambiente de Los Platitos, con su iluminación ámbar, decoración de madera oscura y ricos aromas a azafrán, ajo y humo. Aunque solo vivo a un par de cuadras de distancia, no lo he visitado en mucho tiempo. Es bastante caro, y se salió de mi presupuesto cuando abrí La Botica Literaria. La anfitriona nos sienta en una pequeña mesa redonda y pronto aparece una camarera. —Buenas noches— dice alegremente. —¿Puedo traerles algo de beber? — —Tomaré té helado— respondo. —Tomaré un gin tonic, por fav…— Declan empieza a decir, pero interrumpo rápidamente. —No. Lo siento, tomara agua tónica con lima— Parpadea y la camarera frunce ligeramente el ceño. Cuando me doy cuenta de lo grosero que ha sonado, me vuelvo hacia Declan. —Recuerda…eh, cariño, se supone que no debes tomar alcohol— Todavía parece confundido, pero me sigue el juego y asiente a la camarera. —Bien. Fue mi error, lo olvidé. Tiene razón— Su expresión se suaviza en una sonrisa, como si nos encontrara encantadores. —Por los pelos. De acuerdo, un te helado y un tonic con lima. Te las traigo enseguida— Tan pronto como la camarera se va, Declan me pregunta: —Lo siento, pero ¿desde cuándo no bebo? Estoy seguro de que esa camarera piensa que voy de camino a una reunión de Alcohólicos Anónimos tan pronto como terminemos de comer— Le ofrezco una sonrisa de disculpa. —Lo siento. Es solo que quiero que tus nadadores estén en plena forma esta noche— Asiente lentamente, comprendiendo. —Ah. Bueno, te prometo que lo estan, cariño— Respondo a su sonrisa burlona poniendo los ojos en blanco. —No te burles de mí. ¿Preferirías que le hubiera contado la historia? — Fingiendo la preocupación cariñosa fue la forma más fácil de superar este pequeño obstáculo. —Bien, lo dejo. ¿Qué tal tu día? — pregunta, sonando genuinamente interesado. Me encojo de hombros un poco. —Eh, estuvo bien. realmente no tengo ganas de hablar de trabajo— En las citas, me abstengo de terminar. —Me parece bien. Yo tampoco— Se recuesta en su silla y cruje. —¿Qué tal…tienes algún pasatiempo? — —Principalmente leo— sola en la cama por la noche, bebiendo una copa de vino. Todo lo que necesito para completar la imagen acogedora, pero algo triste es un gato en mi regazo. —Genial. Ojalá y tuviera más tiempo para leer— Las comisuras de sus ojos se arrugan. —O tal vez si tengo tiempo y lo desperdicio en la televisión. ¿Cuál es tu libro favorito? — —¿Me estás haciendo elegir? — Abro los ojos de par en par, fingiendo estar escandalizada. —¿Cómo pudiste hacerle esto a una pobre bibliófila? — Se rie. —Bien, cielos, ¿puedo preguntarte tu genero favorito, al menos? El mio es crimen ficción, si quieres saberlo— No debería querer saberlo. No estamos aquí para acercarnos. Estamos aquí para comer y resolver los últimos detalles de meter un bollo en mi horno. Pero incluso sabiendo eso, de repente me encuentro reacia a romper el animo casual. Además, me encanta hablar de libros. No hay nada de malo en ello, ¿verdad? Podremos disfrutar de una noche en un buen restaurante ahora mismo y dejar las cosas pesadas para más tarde. Reflexiono sobre su pregunta. —A mi tambien me gustan los misterios. Soy bastante omnívora cuando se trata de libros. Pero creo que, si tuviera que elegir, esto es muy difícil. Digamos que la sátira, el romance gótico y la literatura posmoderna estan entre mis cinco favoritos. Ay, y no ficción histórica— Nos interrumpe brevemente la camarera que regresa con nuestras bebidas. Le damos las gracias y pedimos media docena de tapas diferentes. Declan da un sorbo a su agua tónica de lima. —Mmm…esto en realidad no está nada mal. De todos modos, es una lista bastante larga. ¿supongo que estudiaste literatura inglesa? — —Clásica y filosofía, en realidad— respondo, removiendo azúcar en mi té helado. —Pero podría haber añadido literatura inglesa tambien si hubiera tenido más tiempo— Al criarme sola, mi madre no podía permitirse contribuir mucho a mi fondo universitario, y mis becas venían con una fecha límite de graduación. Tuve suerte durante los cuatro años que tuve— Declan tararea con aprecio. —Maldita sea, mujer, ahora me siento fuera de mi liga. ¿Aprendiste a hablar latín? — Hago un ruido de incertidumbre. —Tome algunas clases básicas de idiomas, pero mi énfasis estaba más en el arte, la literatura y la historia, y estoy segura de que ya lo he perdido todo de todos modos. —Vamos, inténtalo— dice. —Háblame como una nerd— Llega nuestra comida y me mete un higo envuelto en tocino en la boca mientras intento recordar casi quince años atrás. Mmm…hay una citar que definitivamente debería hacerle reír, si tan solo pudiera recordarla. —Bueno— digo finalmente. —puede que todavía conozca parte de un poema de Catulo. Lo memoricé en la universidad porque pensé que sería un truco divertido para una fiesta— Ya vera porque en un minuto. Vacilante, empiezo a recitarlo en todo su indescifrable esplendor. Normalmente, me sentiría cohibida recitando un poema en latín delante de cualquiera después de todos estos años, pero se siente divertido. Declan levanta las cejas, impresionado. —Vaya, ¿Qué significa eso? — Intento mantener la cara seria mientras traduzco. —Te follaré por el culo y por la boca…— Ni siquiera puedo terminar la primera línea antes de que Declan me interrumpa riéndose a carcajadas. —¿Que…ja, ja…que demonios? Así que tienes la mente sucia— —Es más un poema de cabreo que uno sucio. Pero nunca afirme que mi mente estaba cien por ciento limpia— respondo juguetonamente. —Simplemente no publicito la suciedad como tu— Entonces dudo. Espera, no, esto se acerca demasiado al coqueteo. Debería dar un paso atrás y pasar a un tema más serio. Jugueteo con mi servilleta en mi regazo. —No es por matar el ambiente ni nada, peo deberíamos hablar de lo que vamos a hacer más tarde— Su sonrisa se vuelve diabólica. —¿Ah, ¿sí? creo que eso es lo opuesto de matar el ambiente— Ignoro el calor que sube a mis mejillas. —Antes de tener sexo, necesito estar segura de que nunca intentarás involúcrate. Yo quiero criar a mi hijo a mi manera, sola. Nada de crianza compartida, ni siquiera vacaciones compartidas, nada. Este es mi plan, y si no puedes aceptarlo, sin ofender, pero volveré al banco de esperma— Declan arquea la cejas. —¿No hemos hablado ya de esto? — Si, pero quería darte una última oportunidad para que te retractaras— Levanto las cejas con urgencia, mirándolo directamente a los ojos. —Así que si necesitas pensarlo un poco más…— —No tienes nada de qué preocuparte— dice. Esperaba que se molestara con mi interrogatorio, pero su tono solo es tranquilizador, y tal vez un poco divertido. —Mi respuesta no ha cambiado desde la semana pasada. Créeme, soy un ejecutivo ocupado, no me interesan las tomas nocturnas ni la patrulla de pañales. Eso es todo tuyo— Asiento ligeramente calmada. —Bien, entonces estamos de acuerdo— En lugar de cambiar de tema a algo más divertido, Declan me considera por un momento y luego suspira pensativo. —Escucha… espero que confíes en mí, y sé que yo confió en ti, pero si te ayuda a tranquilizarte, mi amigo abogado redacto algunos contratos. Prácticamente me los metió por la garganta, de hecho. ¿Quieres revisarlos ahora? — —¿En serio? — parpadeo. —Um…si…en realidad, me gustaría eso— Saca su teléfono y me reenvía un correo electrónico con tres archivos adjuntos. Leo mientras como, con el teléfono en una mano y una tostada de foie-gras en la otra. Declan no dice nada, dejándome concentrar pacientemente. Me siento un poco mal por ignorarlo… pero, de nuevo, me recuerdo a mí misma que estamos teniendo una reunión de negocios, no una cita. Discutir este acuerdo es el objetivo de que hayamos venido aquí. Noto que Declan ya ha firmado los documentos: John Declan Smith II. Vaya, supongo que usa su segundo. Supongo que no culpo a un hombre llamado “el segundo” por querer diferenciarse de su padre. Algo me suena en su nombre, pero no es que Smith será un apellido poco común. En fin, probablemente solo estoy recordando aun antiguo compañero de trabajo o algo así. Me concentro en el lenguaje del contrato en sí. Años trabajando en el mundo de los negocios me han dado un talento para leer rápidamente la jerga legal. Finalmente, guardo mi teléfono y asiento con la cabeza. —Estos se ven bastante bien. añadiré mi firma mañana y te los devolveré— Ladea la cabeza. —¿Mañana? ¿no antes de que me dejes entrar en tu habitación? — Apoyo la barbilla en la mano. —No. Creo… que yo tambien confío en ti. Al menos lo suficiente como para esperar hasta la mañana siguiente— Una sonrisa lenta pero deslumbrante se extiende por su hermosos rasgos. —Me alegra oírlo. Ahora, vamos a comer. Esta comida se ve increíble— Disfrutamos de una maravillosa cena juntos, charlando sobre comida, libros, las molestias y las recompensas de administrar un negocio y todo los demás intereses que poco a poco descubrimos que tenemos en común. Nos damos el lujo de comer una tartaleta de limón y jengibre de postre. Cuando llega la cuenta, Declan insiste en pagar, y no puedo resistirme demasiado. Firma el recibo, añadiendo una generosa propina. Luego empuja su silla y me tiende la mano. —¿Vamos? — Trago saliva. Solo queda un evento más por la noche, y hay un ardor sensual en sus ojos. Una inconfundible promesa de placer. Casi tomo su mano. En cambio, me levanto sola. —S-sí, vámonos. Mi casa está a un corto paseo— —¿En serio? La mía tambien. Supongo que vivimos a solo unas cuadras de distancia— Cerca. definitivamente cerca. nuestros hombros chocan al salir al aire fresco de la noche y nos dirigimos hacia mi casa…y a mi cama
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