El olor a café llegó desde la cocina para despertar al dolorido cuerpo de Agustina. La voz de Lucas explicando algo apasionado la llevó a incorporarse con rapidez. Llevó sus puños a sus ojos aún cansados y se apresuró a salir de la habitación. Había dormido en aquella cama en la que aún yacían los recuerdos de encuentros que llevaría tatuados en la piel, pero esta vez estaba sola. Federico había insistido en no despertar a Lucas y con un agotamiento que le impidió luchar lo había aceptado. Salió del cuarto descalza con la misma ropa del día anterior y el cabello despeinado. Pudo ver a Federico sentado en una de las banquetas altas del desayunador escuchando con la misma seriedad con la que lucía en el trabajo las palabras de Lucas que no hacían más que nombrar el mar, el surf y las me

