Agustina pedaleaba con todas sus fuerzas. Sus pulsaciones aceleradas la llevaban a tomar bocanadas de aire cada vez más profundas. No sabía que haría al enfrentarla, pero sentía que debía hacerlo. Había dejado a Lucas con Federico, sin siquiera pedirle permiso. ¿Qué estaba haciendo? ¡Era una locura! Y sin embargo era lo único que se le había ocurrido. Lo había visto tan hermoso, tan comprensivo, tan dispuesto a ayudarla que su mente se nubló. Sabía que lo extrañaba, pero no imaginaba que tanto. Aquel abrazó, su aroma, sus dulces besos siempre tan sutiles y profundos a la vez, le habían recordado con más fuerza lo placentero que era estar junto a él. Se sentía una tonta por haberse alejado y sin embargo, estaba segura de que su accionar sólo iba a lograr alejarlo más. ¿Quién querría est

