El Nissan Silvia S15 relucía bajo el suave sol de la tarde, como una joya dorada estacionada frente a la casa de Amelia. Solo bastaron algunas semanas de arduo trabajo por parte de Dylan y su equipo para transformar aquella reliquia polvorienta en un espectáculo visual y de ingeniería. El bloque del motor brillaba como si acabara de salir de fábrica, mientras que el turbo adaptado, unido a los múltiples caballos de fuerza escondidos bajo el capó, prometía una explosión de velocidad. El color amarillo le otorgaba un toque atrevido y seductor, mientras que las llantas y los rines negros relucían con un contraste perfecto. Era una obra maestra sobre ruedas, y lo más sorprendente, solo habían gastado unos ocho mil dólares en la restauración, un coche como ese fácilmente valdría u

