La noche había caído sobre Mérida, y el trayecto en autobús de Amelia hacia su casa se sintió interminable. Su mente estaba fija en una sola idea, sacar a Alan de su hogar, por el bien de todos. En apenas unos días desde que él se había mudado allí, la cantidad de problemas y tensiones que habían surgido era abrumadora. No lo discutiría con su madre, ya que ella no parecía comprender el impacto que esta decisión había tenido en su vida. Al llegar a casa, lo primero que notó fue la moto de Alan estacionada afuera. Su presencia era un recordatorio de todo lo que estaba mal en su vida, y la decisión de enfrentarlo se solidificó en su mente. Sin ver el auto de su madre, Amelia asumió que tendría más facilidad para echar a Alan sin necesidad de explicaciones complicadas a s

