Esa misma mañana, después del incómodo encuentro en el baño, Alan y Amelia volvieron a coincidir, pero esta vez en la cocina de la casa. Alan, ya preparado para ir al gimnasio, se había adelantado y estaba sentado en la mesa de la cocina, disfrutando de un desayuno sencillo, cereal, granola y algo de yogurt. Amelia, aun sintiendo el calor en sus mejillas por lo ocurrido anteriormente, intentó pasar desapercibida y continuar su camino, pero mientras se dirigía a la puerta para partir, Alan levantó la vista y la vio pasar, él estaba decidió a romper el hielo, antes de dejarla ir. — Buenos días, Amelia. —Saludó Alan con un tono amigable, pero cauteloso a la expectativa de lo que haría Amelia al escuchar su voz. —¿Te gustaría sentarte y comer algo antes de s

