Los días posteriores a la graduación pasaron rápidamente, y pronto llegó el momento de la reunión oficial para firmar los documentos que confirmarían la participación de los ganadores en el prestigioso programa de pasantes en la famosa revista “Latinos” en Miami.
Amelia, Carolina y Alan fueron llamados al despacho del rector ese día, un lugar imponente que reflejaba la seriedad y el prestigio de la Universidad de los Andes.
Amelia entró en la oficina con el corazón pesado. A pesar de haber sido una de las seleccionadas, no podía evitar sentir una mezcla de ansiedad y tristeza a causa de Pablo, su novio.
El rostro de Pablo, lleno de decepción, seguía presente en su mente, y la idea de separarse de él por la decisión de Alan, la angustiaba y la llenaba de enojo hacia ese canalla.
Carolina, por otro lado, estaba radiante, para ella, este era un sueño hecho realidad, y no podía ocultar su entusiasmo mientras tomaba asiento frente al rector.
Alan llegó último, entrando con su habitual aire de confianza, aunque algo en su mirada sugería que también estaba luchando con sus propios pensamientos acerca de si debería tomar esa oportunidad o no.
El rector, un hombre mayor de cabello gris y gafas finas, los recibió con una sonrisa cordial, sus ojos mostraban la importancia del momento, sobre su escritorio había varios documentos listos para ser firmados, cada uno de ellos representando el futuro de los tres estudiantes que estaban reunidos junto a él.
— Bien, jóvenes. —Dijo el rector, quien siempre se sentaba detrás de su escritorio, justo con las manos sobre algunas carpetas y algunos documentos importantes, la emoción se sentía en el aire. —Felicidades nuevamente por haber sido seleccionados para este programa tan prestigioso chicos. Este es un gran honor y una oportunidad única en sus carreras. Ahora, solo necesitamos sus firmas para confirmar su participación. ¿Están todos listos? —Preguntó el rector, sonriente de ver a sus jóvenes alcanzar una meta la cual muy pocas universidades podían lograr, pero para él, todo era felicidad, allí había un ambiente un poco tenso y entre mezclado de sentimientos y corazonadas entre los afortunados elegidos.
Amelia, con el corazón acelerado, esperaba profundamente que Alan dijera no a la oferta.
Durante los días previos, había alimentado la esperanza de que él rechazaría la oferta en su totalidad, permitiendo que Pablo pudiera tomar su lugar. Pero cuando el rector dirigió su mirada a Alan, y este respondió, el mundo de Amelia se vino abajo una vez más.
— Estoy más que listo. —Respondió Alan con firmeza y mucha convicción, él parecía sólido con su respuesta y se le notaba seguro de lo que hacía, aquello fue lo que quebrantaba las esperanzas de Amelia de una vez por todas. —Listo para irme y empezar de cero, lejos de aquí. —Volvió a repetir Alan, pero esta vez era aún más convincente en su rostro esa mirada victoriosa, incluso sacó un bolígrafo de su chaqueta, no había manera alguna de hacerle renunciar a su oportunidad.
El tono de su voz era seguro, pero había una sinceridad en sus palabras que nadie esperaba. Alan no solo aceptaba el programa, sino que parecía decidido a aprovecharlo al máximo.
Amelia sintió una punzada en el pecho, todas sus esperanzas de que Alan renunciara se desvanecieron en un mismo instante.
— Es un gran paso para ti, Alan, felicidades. —Comentó el rector con una sonrisa aprobatoria y un apretón de mano a Alan, a quien apreciaba realmente por su amistad con sus padres. —Estoy seguro de que harás un excelente trabajo, vi que eres muy bueno en la práctica, eso te dará una gran ventaja. —continuó el rector, parecía que Alan siempre iba a la delantera de Amelia, y eso la irritaba demasiado, pues no podía lidiar con la idea de que un hombre pudiera lograr desbancarla de los primeros lugares en todo siempre.
Carolina firmó su documento sin dudarlo, y luego lo hizo Amelia, con la mente aún enredada en la situación. Finalmente, Alan firmó el suyo, sellando su destino junto al de las dos jóvenes rumbo a Miami.
Al final de la reunión, mientras Carolina se adelantaba para salir del despacho, Amelia decidió enfrentar a Alan una vez más. No podía dejar que esta oportunidad se escapara sin intentar algo, aunque fuera un último intento desesperado, algo de último momento, una patada de ahogado.
— Alan, ¿Podemos hablar un momento? —Preguntó Amelia con voz tensa, mientras se acercaba a él y le tomaba por el brazo, lo que dejó a Alan impresionado ya que ella parecía no pasarlo ni un poco como para llegar a esta confianza de tomarlo por el brazo así.
Alan la miró sorprendido, pero por el tono de su voz, él podía deducir de qué se trataba todo esto ya. La oficina ya estaba vacía, y el silencio y la tensión entre ellos era casi palpable.
— Claro, como no… —Respondió Alan, su voz mantenía la misma neutralidad de siempre pudo notar Amelia en ese instante.
Ella tomó aire, preparándose para lo que iba a decir, aunque fuera repetitivo y cansado para todos. Alan le miraba a los ojos, como intentando descifrar que había detrás de ese color verde de los ojos de Amelia.
— Alan, si tú aceptas este programa. —Comenzó Amelia a decir, pero rápidamente su voz fue quebrándose ligeramente a medida que dejaba salir cada palabra de su boca. — Tendré que terminar mi relación con Pablo. No puedo dejarlo aquí solo, sabiendo que estoy tan lejos. Esto no es solo sobre mí, Alan. ¿Es eso lo que quieres, acabar una relación de años? —Preguntó Amelia, intentando ablandar el corazón o aflojar los sentimientos de este sujeto que parecía no inmutarse con todo esto, pero esta vez él terminó volteando sus ojos y su rostro al volver a escuchar el mismo llanto de Amelia.
Aunque él estaba dispuesto a muchas cosas con Amelia, ceder su puesto no era una de esas cosas.
Las palabras de Amelia estaban cargadas de mucha emoción, intentando tocar la empatía de Alan un poco, esperando que él entendiera el peso de su decisión. Pero Alan permaneció impasible, observándola con una expresión que Amelia no pudo descifrar del todo.
— Amelia, no me conoces en absoluto. —Respondió Alan, con un tono firme, pero sin rastro de enojo, más bien parecía comprender lo que su decisión conllevaba, pero también él mismo pensaba que así era la vida, una competencia letal para todos los participantes. —Amelia no entiendes mis razones para aceptar este programa. Crees que, por tener un padre adinerado, no necesito esta oportunidad, pero te equivocas. Esto es más importante para mí de lo que te imaginas, no conoces mi vida en lo más mínimo. —Respondió Alan intentando hacer entender a Amelia sus razones. Realmente él no quería hacerle esto, pero no tenía muchas opciones, y su mirada sincera demostraba que no mentía para nada.
Amelia sintió que sus intentos de persuadirlo se desmoronaban una vez más. Las palabras de Alan eran inquebrantables, y detrás de su decisión había una fuerza que no había anticipado anteriormente.
— No puedo ceder esta oportunidad, Amelia. —Continuó Alan, mirándola directamente a los ojos con nostalgia, él estaba al tanto de lo que sucedería en la vida de Amelia, pero incluso, ni él mismo estaba preparado para el futuro que se les deparaba a todos los involucrados. Esto era una realidad, Alan había decidido y no cedería su lugar, también era parte de su futuro. —No por lo que piensas de mí, no por lo que piensan los demás. Esta es mi vida, y he decidido tomar las riendas. —Aclaró aún más Alan con sus palabras y su mirada la cual parecía muy decidida, dejaba en claro todo aquello que no era el único que llevaba cargas en su espalda.
La realidad era que todos malinterpretaban la vida de Alan.
Amelia sintió una mezcla de frustración y tristeza mientras Alan salía del despacho despreocupado.
Sus intentos de manipular la situación no solo habían fracasado, sino que también había revelado un lado de Alan que no había considerado.
Las palabras de Alan resonaron en su mente, dejándola con una sensación de incertidumbre que no podía ignorar.
¿Qué sucedía en la vida de Alan?