Acto 1- Buscando al padre.

5000 Words
Desde que nací, he tenido la capacidad de convertirme en un lobo. Mi madre dice que es porque soy un verdadero privilegiado. Dice que mi papel en la línea del destino es muy importante. Ella tiene la habilidad de ver el destino de las personas con sus ojos. Es un poder bastante interesante y muy inusual entre los nuestros. De hecho, tal cual como con mi tío, ese poder de ella es único. Con mi tío pasa algo similar. Él tiene un poder que nadie más tiene. Mi tío es el más poderoso de toda nuestra especie. Los nuestros lo consideran casi una deidad ya. Ha sido proclamado como Alfa de la manada más grande del mundo, y también como el rey de toda nuestra especie. Si se preguntan lo que soy… soy un Huargo. Un hombre, o en este caso niño, que tiene la capacidad de convertirse en un lobo gigante. Pero con el paso del tiempo los Huargos evolucionamos. Con la llegada de mi padre y su alianza con mi tío, algunos Huargos han adquirido la forma ancestral de los hombres lobo. La transformación del Lycan. Mi tío la obtuvo por medio de los dragones del equilibrio. Al principio, la primera vez que oí de ellos de la boca de mi madre, creí que eran geniales. Para cualquier niño parecería algo genial el enterarse que existen dragones y lejos de ser como cualquier niño, no dejaba de serlo, así que también se aplicaba esto conmigo. Los dragones me parecían criaturas geniales al principio de la historia, pero eventualmente terminé decepcionándome cuando oí el final. Ellos me arrebataron a mi padre. Me arrebataron mi libertad y me alejaron de toda mi familia. Apenas si conozco a mi tío y a mis primos. Porque apenas nací, mamá y yo nos mudamos a un lugar llamado Mundo místico. Un lugar ubicado en una dimensión paralela al mundo donde vive mi tío y de donde provengo realmente. Pasé los primeros cuatro años de mi vida dentro de este mundo tan increíble y jamás conocí lugar más hermoso, pero eventualmente, tuvimos que marcharnos de allí también. Después de eso, visitábamos cada tanto el mundo de mi tío Jeargo, pero nuestras vidas estaban en un lugar mucho más lejano del que yo creería. Cuando cumplí cinco años llegamos a otro mundo. Otra dimensión paralela al mundo del tío Jeargo y al mundo mítico. Mi mamá y yo jamás nos imaginamos que hubiera tantos mundos, pero la verdad era que así como este al que habíamos llegado, había muchos otros mundos paralelos al nuestro. Y tal vez se preguntan por qué nos fuimos a vivir a otro mundo y la respuesta es sencilla. Como dije, mi mamá dice desde que tengo memoria para recordar, que soy muy importante para la línea del destino del universo entero. Por eso, desde el momento en que nací, se me fue encomendada la tarea de encontrar a tres de los siete elegidos para restaurar el equilibrio. Una misión que me fue confiada debido al gran poder con el que he cargado desde pequeño solo por ser hijo de mi padre. Que en vida fue el único hombre capaz de rivalizar con el tío Jeargo en términos de poder. Lucas Rayder era su nombre, pero finalmente una vez que se casó con mi madre, renunció a su apellido, renunciando así a ser el líder de su clan, como todos hubieran creído que lo sería. Pero no, mi papá tenía otra cosa en mente, así que adoptó el apellido de mi abuelo. El papá de mi mamá. Sin embargo, cuando nací, fui bautizado bajo un apellido diferente y es que tanto mi padre como mi madre habían adquirido un nuevo apellido. Lo cierto es que, llegamos a este nuevo mundo y no teníamos la menor idea de él. Aquí los hombres lobo solo tenían acceso a la transformación Lycan, y aquellos que tenían la capacidad de convertirse en un Huargo, eran considerados reyes y se les llamaba reyes Alfa. Todo era tan diferente que no sabíamos si quiera por donde comenzar, pero no tardamos nada en establecernos. Al principio vivimos un tiempo en Inglaterra, pensando que tal vez allí encontraríamos pistas sobre los Huargos a los que buscábamos, pero por supuesto que no iba a ser tan sencillo. Entonces fuimos a Rumania y nos encontramos que en este mundo no había algo como Winter Rose. De hecho la utopía de los Huargos no existía en este mundo. Así que en Rumania tampoco tuvimos suerte, y finalmente llegamos a América. Por cosas literalmente del destino. Mi madre vio con su habilidad, un hilo místico que nos conducía a este continente y terminamos por llegar a una hermosa y enorme ciudad de Arizona. Rodeada por árboles y montañas. Hasta ahí llegaba el rastro del hilo místico. Ese era nuestro destino. Allí comenzaba todo para nosotros. Así que mi madre no tardó en conseguir que nos estableciéramos en una casa de seguridad, bien protegida y segura, casi a las afueras de la ciudad. Y pese a todo, la casa que mi madre había escogido para vivir, era realmente discreta, porque lo que íbamos a pasar desapercibidos. De inmediato sentimos el aroma de unos hombres lobo y no dudamos en ocultar el nuestro disfrazándolo como el aroma de un humano. Un hombre pasó junto a nosotros. Usaba una gabardina y su pecho estaba descubierto. Lo único que llevaba por encima era esa gabardina. Eso significaba que acababa de volver a su forma humana. El otro aroma había desaparecido, y aunque ese sujeto no tenía sangre en sus manos. No tuvimos problemas para entender y saber que él había asesinado al otro. - Presta atención amor – me dijo mi madre – aquí todo es diferente. Creo que ya te has dado cuenta de eso. - Si madre, lo he notado – le respondí y ella me sonrió mientras se agachaba junto a mí. - Mi pequeño… desde que naciste eres un prodigio, y requieres mucho entrenamiento, pero lo haces muy bien – me dijo ella y besó mi frente interponiéndose en el campo de visión de ese hombre, para que no pudiera ver mi rostro - ¿Entiendes lo que está pasando no? - Si mamá – le dije y ella sonrió orgullosa – el tipo que acaba de pasar junto a nosotros es un Lycan… no es un… un rey Alfa. Es solo un Lycan. - Un Lycan con el poder de un Alfa – dijo mi madre y la miré sorprendido – observa bien querido… su aroma es diferente. Él huele a caos, huele a muerte, a destrucción, y también apesta a autoridad. Observa sus musculas, memoriza el patrón de su aroma porque es la forma que toma su aura ante nuestra percepción, y date cuenta cariño… - Es poderoso – le digo y ella asiente – es muy poderoso. Quizá más que tu mamá. - Tal vez… si yo no pudiera convertirme en Lycan también – me dijo ella y le sonreí. Tenía razón no había nadie en este mundo que fuera más fuerte que mi madre. Eso significaba que tampoco había nadie que fuera más fuerte que yo. Eso ya dejaba mucho que desear, porque yo he sido realmente poderoso desde pequeño, pero no he podido superar a mi madre aun. Ella ha sido una guerrera toda su vida. Es poderosa y experimentada, así que no me sorprende que sea tan fuerte. - Ese tipo… acaba de matar… mató al dueño del segundo aroma que sentimos hace unos segundos – le dije a mi madre y veo que el hombre volta a mirarnos y nos ve consternado y de forma siniestra. Mi mamá se percata de ello pero no le da importancia. - Tienes razón cariño, estás totalmente en lo cierto. Está haciendo uso de la habilidad que hace tan temible a los Lycans para fortalecerse… la verdadera pregunta aquí es ¿A quién quieres vencer que necesitas tanto poder? - Tal vez sea a ti – le dijo el hombre apareciendo junto a nosotros y justo cuando intentó atacar a mi mamá, mientras yo me quedaba paralizado por la sorpresa. Ella se movió rápidamente. Tan rápido que no tuve tiempo de verla moverse. Él tampoco pudo ver, y sujetó su brazo, partiéndoselo con mucha facilidad y con la otra mano lo atrapó por la garganta y lo estrelló contra el suelo haciéndolo escupir sangre. El hombre se transformó y justo cuando quiso atacar de nuevo a mi mamá, su cuerpo volvió a la normalidad y él la miró totalmente confundido. Otra vez mamá había usado una de sus mejores habilidades. Sus ojos se habían vuelto purpuras y entonces él hablo casi balbuceando. - Eres… eres un rey Alfa. - Podría decirse – dijo mi madre – y eso pequeño que ves ahí… también lo es y es más poderoso que yo. Así que no te atrevas a acercarte a él… dejanos en paz. No te metas en nuestro camino, y nosotros no nos meteremos en el tuyo… interponte, y yo misma te mataré. - No sabes con quien estás hablando – le dijo el hombre. - Y no me interesa. Quien quiera que seas, no eres nadie delante de mi o mi hijo… tu tampoco sabes quienes somos y te conviene que siga siendo así. Entonces… te pido que no te hagas el idiota y me hagas caso. No quiero tener que matarte y levantar sospechas. Mi madre lo suelta y se levanta. Entonces comienza a caminar hacia dentro de la casa y yo la sigo, sin dejar de mirar al hombre que apenas si puede levantarse sobándose la garganta y todavía preguntándose cómo fue que mi mamá lo hizo volver a su forma humana involuntariamente. Entonces me miró y por un momento tuvo una mirada de arrogancia que para nada me agradó y por tan solo un segundo dejé salir mi aroma y mi aura se hizo visible incluso para él. Mis ojos cambiaron de color y de inmediato su semblante cambió drásticamente y su mirada se llenó de terror al sentir mis intenciones asesinas y lo abrumadoras que podían resultar dichas intenciones. Pero creo que lo que le causó mayor terror, fue ver mis ojos volviéndose de un siniestro plateado cuyo iris era casi la forma de una calavera que emanaba un fuego fatuo de color blanco. Entonces se dio la vuelta y se marchó todavía con aquella mirada de pánico y apestando a temor. Miré a mi madre y ella me estaba mirando con una sonrisa de orgullo desde la puerta de la casa. Casi lista para felicitarme por haberlo asustado de esa manera. - Me alegra que demuestres quien manda cariño… pero para próximas ocasiones, recuerda que debemos ser discretos – me dice ella y yo asiento avergonzado – y tranquilo… no tienes que sentirte avergonzado por esto. No es tu culpa que él se haya dado cuenta. En todo caso es mi culpa por asumir que los Lycans eran tan diferentes de nosotros como para no tener la misma capacidad auditiva. - ¿Qué haremos respecto a él mamá? – Le pregunté y ella me sonrió y besó mi frente. - Nada cariño – me dijo y la miré confundido. No hay nada que debamos hacer respecto a ese imbécil… ya es suficiente con el terror que le has causado solo con mostrarle tu aura. Estoy segura que no se meterá en nuestro camino. - Tal vez tengas razón – le digo sonriendo nervioso – quizá me pasé un poco de la raya con mis instintos asesinos. - Tantito nomás – me dijo haciendo un gesto de pequeñez con sus dedos – pero no te preocupes por eso… por el momento, enfocate en mezclarte con los niños humanos de la comunidad para que puedas adaptarte a la escuela cuando sea el momento de asistir a ella. - Está bien mamá… ¿Tu qué harás? - Trabajar cariño – me dijo mi madre – trabajaré en un salón de entrenamientos debajo de la casa. Será un lugar secreto donde pueda enseñarte a combatir y a dominar tu poder. - ¿Y no necesitas ayuda con eso mamá? – Cuestioné algo angustiado y ella asintió mientras me sonreía divertida. - No te preocupes cariño… tendré la ayuda que necesito solo con invocar un portal. Tu mejor ocupate de mezclarte desde ya… aprovecha que en este vecindario siempre habrá muchos niños jugando en la calle. Solo mira afuera. Miré hacia la calle y había un grupo de niños jugando a las escondidas… lo había jugado un par de veces con los hijos del tío Jeargo, durante las oportunidades en las que habíamos visitado su mundo. Aunque realmente prefería enfrentarlos en combate en lugar de estar jugando a las escondidas. Este juego me parecía incluso aburrido. Mi mamá halagaba el hecho que desde pequeño me había interesado por las peleas. Se dijo de mí que sería un gran guerrero y aquello era motivo de orgullo tanto para mi madre como para mí. Porque siendo el hijo, el único hijo de la mejor guerrera de la manada Crimson Rose, y del único hombre tan poderoso como el tío Jeargo, obviamente se esperaba mucho de mí. Y si ya habían determinado que sería un guerrero que algún día sería tan poderoso como ellos, no había nada que pudiera emocionarme más que el simple hecho de poder pelear y volverme más fuerte. No obstante a eso, pese a mi talento para la batalla, el que de hecho era innato, enfrentarme a mis primos era lo más divertido que podía hallar, porque ellos eran un verdadero reto para mí. Aun con cinco años, esos dos locos de remate eran tan aficionados al combate como yo, y eran incluso más poderosos que yo. Tener como meta el superarlos algún día, era lo que me motivaba y me emocionado de enfrentarlos. A veces pedía enfrentarlos al mismo tiempo y conforme nos encontrábamos, yo era más fuerte, pero también ellos. Mi madre y yo vinimos a este mundo y no pude vencerlos hasta ahora, pero espero ansioso el día en que nos volvamos a enfrentar. Sonreí emocionado nada más recordar los muchos enfrentamientos que tuve con ellos en tan poco tiempo y entonces me decidí a poner un pie en la calle. Caminé a paso lento con mis manos dentro de los bolsillos de mis pantalones cortos. Los niños inmediatamente me miraron extrañados pero al mismo tiempo fascinados. Supongo que no era algo común el ver a un niño nuevo en un vecindario como este, y mucho menos mudándose a una casa como la nuestra. - Hola amigos… ¿Qué tal todo? Soy nuevo en el vecindario y… - ¡Wow! – Exclamó uno de ellos acercándose a mí con cierta intriga y fascinación que hasta me preocupó lo suficiente como para levantar la guardia. Después de todo soy un guerrero y he estado entrenando para la batalla casi desde que nací. Ante cualquier amenaza, por supuesto que levantaré mi guardia. - Increíble – dijo el otro niño un poco más alto que nosotros – ¿Qué clase de tonto tiene se tiñe el cabello siendo tan pequeño? – Dijo y entonces entendí que el primero era de quién menos tenía que preocuparme. Lo miré con mala cara y respondí – es mi color natural – me miró confundido y de inmediato mi lobo comenzó a agitarse. Él quería pelear, pero yo tenía que mantenerme bajo control. Sin embargo mi mirada dejaba muy en claro las intenciones que mi lado animal tenía para con él. Así que retrocedió asustado. - ¿Quién carajos eres tú? – Cuestionó lleno de nervios y lo miré con una ceja enarcada. - ¿No crees que usas un lenguaje muy inapropiado para alguien de tu edad? – Pregunté a modo de burla y me miró molesto - ¿No te han enseñado en casa que esas no son palabras que deban estar en boca de un niño? Además, pareces el más grande aquí… ¿Qué clase de ejemplo le estas dando a los demás? - ¡Tu…! Pequeño insecto – espetó furioso y se vino contra mí – me las vas a pagar. Simplemente me hice a un lado. Su postura era horrible. Se notaba que era un simple humano, pero aun así, de los más simples e inútiles que había visto. Porque desde que tengo memoria he visto humanos con cualidades para pelear que son dignas de admirar en su especie. Pero esto solo lo había visto en los adultos. No podía esperar mucho realmente de un niño humano. Dejaba aberturas por todos lados, sus movimientos no tenían nada de gracia, su precisión era pésima y no tenía control sobre su cuerpo. Su propio peso era una guillotina para él porque no sabía cómo distribuirlo. Esquivarlo había sido pan comido, y por si solo terminó humillándose al caer de bruces al suelo. - Perdón pero no tengo intenciones de pelear, solo quiero hacer amigos. Soy nuevo aquí… - le dije mientras me acercaba al primero y le daba la mano con la mejor sonrisa que pude poner en mi rostro. Este me miró sorprendido y me sonrió – soy Ezra… espero podamos llevarnos bien – le dije y entonces todos se acercaron. A excepción de una hermosa niña rubia que se quedó detrás de los demás con la timidez propia de una niña humana, por lo que sonreí y me le acerqué para saludarla – no tienes que tenerme miedo… soy como tu pero en niño – le dije divertido y ella me miró sorprendida y sonrojada, pero luego sonrió y me extendió la mano con nerviosismo. - Mucho gusto, soy Payton – dijo ella casi gritando. Y el chico de antes se acercó de nuevo y me puso una mano en el hombro. - Y yo soy Walter… estoy seguro que seremos buenos amigos – me dijo él – y por Angus no te preocupes… él solo es bravucón de mentiras, ya se le pasarán las ganas de intimidarte, como con todos – le sonreí y asentí divertido. Porque la verdad es que esperaba que no se le pasara. Esperaba que siguiera provocándome para tener algo de diversión. Quería romperle la cara. Eso era mucho más divertido que jugar a las escondidas con ellos, pero que dejara de querer intimidarme, era lo mejor que podía pasar. No podía darme el lujo de pelear con nadie, mucho menos a mi edad, ya que eso atraería demasiada atención hacia nosotros y crearía sospechas indeseadas. Eso podría ser muy problemático para cualquiera de nosotros, así que no estaba tan dispuesto a pelear como hubiera querido. Nunca imaginé que mi vida iba a ser tan divertida después de llegar a este lugar. Nunca imaginé lo divertido que sería relacionarme con niños humanos, aunque siempre estuvo ese deseo de mi lobo por salir a pelear allí presente, esperando a que le diera rienda suelta. Los niños humanos tenían su fascinación por mi cabello, ya que este era de color plateado. Mientras que el resto de mi vello corporal era de color n***o, mi cabello era plateado brillante. Mi mamá decía que se debía a mi conexión especial con la fuerza mística por ser hijo de mi padre. Mi padre… un hombre al que no he tenido la oportunidad de conocer, pero he esperado desde que nací para hacerlo. He oído historias increíbles sobre él. Historias que hablan del impresionante poder que posee. Historias que lo posicionan como la pieza clave de la restauración del equilibrio. Mamá dice que mi papá está destinado a convertirse en el nuevo guardián del dominio una vez que derroquemos a los dragones y el haya derrotada a Primal. - Oigan niños… ya es hora de comer – llamaron las madres desde las puertas de sus casas y todos me miraron a mí, sonriéndome mientras se despedían. - Nos vemos al atardecer – me dijo Walter – mamá siempre me deja salir a esa hora. De hecho es la hora en que todos salimos a jugar. - Vale, estaré esperando hasta esa hora entonces – le dije y ambos asentimos conformes. Entonces miré hacia mi casa y en el marco de la puerta se hallaba mi mamá, recargada contra el lateral de este, mirándome con una sonrisa orgullosa. Sonreí y se me escapó un suspiro mientras volteaba a ver hacia el bosque que se hallaba a pocos metros de mi casa. Ella comprendía bien mis intenciones y con un agitar de cabeza me indicó que podía ir si quería. Le sonreí feliz y entonces comencé a caminar hacia el bosque. - No demores demasiado cariño – me gritó y me viré a mirarla mientras seguía caminando – la comida estará lista pronto, y el postre te fascinará, así que vuelve cuanto antes – sonreí emocionado y asentí mientras me giraba de nuevo para salir corriendo y darme prisa. Sabía perfectamente lo que quería decir mi madre cuando hablaba del postre. Lo de la comida era exactamente eso. Ya estaría preparando el almuerzo. Pero cuando mamá hablaba del postre, hablaba de lo que hacíamos siempre después de comer. Se refería a nuestro entrenamiento diario. Y si decía que me iba a fascinar, entonces quería decir que ya estaba listo el salón de entrenamientos en el sótano secreto de la casa. Corrí hacia el bosque tan rápido como pude. Adentrándome en cuestión de segundos entre la espesura de los árboles y perdiéndome de la vista de cualquiera. Me moví hábilmente saltando entre las rocas y los arboles como acostumbraba hacer en el mundo místico, esquivé algunos troncos caídos y comencé a ir las profundidades, montañas arriba. Entre más me adentraba en el bosque, más espeso y vívido era su verdor. Las plantas, el pasto, los árboles, todo era increíblemente espeso y verde. Incluso había rocas vestidas de verde. Mis ojos estaban deleitándose con aquel paisaje tan hermoso que fácilmente podía ser comparable con Winter Rose en cualquier época del año, o bien exagerando con el mundo místico. Tras unos cuantos minutos corriendo por el bosque en modo parkour activad – así le llamábamos mi mamá y yo a mi manera de recorrer los bosques del mundo místico – llegué a una cascada que desembocaba en un hermoso lago. Entonces sentí un aroma peculiar que llamó mi atención y miré hacia arriba. En la cima de la cascada estaba erguido un hermoso lobo gris. Era joven. Eso podía determinarlo por su tamaño. Tenía el tamaño de un lobo común, pero lo interesante de esto era que no se trataba de un lobo común. Se trataba de alguien como yo. Se trataba de un Huargo. Es precisamente por eso que supe que era alguien tan joven quizá como yo. Cuando los Huargos desarrollamos la capacidad de sacar a nuestro lobo a muy temprana edad, solemos vernos como un lobo común. Y poco a poco, mientras crecemos, nuestro lobo lo hace también en tamaño con nosotros. El punto es que aquel lobo desapareció luego de unos segundos y no volví a verlo nunca más. Pero sabía exactamente quién era. Después de todo era uno de esos Huargos a quién vine a buscar a este mundo. Y creo que podría darme la libertad para decir que era el más importante. Después de todo somos familia. La familia es lo más importante para nosotros los Huargos. Sobre todo para los que pertenecemos a la manada Crimson Rose y compartimos sangre con los Crimson. Pero lo curioso era que aquel lobo estaba allí y en lugar de mirarme como yo lo hacía, parecía no haberme notado, sino que estaba viendo algo en concreto del otro lado del lago en el que desembocaba la cascada. Entonces bajé la mirada y me encontré con un aroma peculiar. Uno que reconocí al instante, y justo al otro lado del lago, recargado contra la corteza de un árbol, se hallaba un hombre de unos cuarenta y tantos, con heridas graves en su cuerpo y destilando un aroma a muerte que me dejó en claro que estaba dando sus últimos respiros. Me apresuré, tomé impulso y salté sobre las rocas que se hallaban en la desembocadura de la cascada. En cuestión de segundos crucé al otro lado y llegué tan rápido como pude hasta el cuerpo de aquel hombre. Lo inspeccioné y traté de curarlo con mi saliva, pero de nada servía. Ya había perdido demasiada sangre y tenía heridas internas que no estaban sanando simplemente porque su cuerpo invirtió el resto de sus fuerzas y energía en sanar sus heridas externas. - ¿Quién eres niño? – Me susurró moribundo y lo miré sorprendido de que aun pudiera hablar. - No te preocupes… no deberías hablar – le dije. - Debes huir de aquí… - dijo de nuevo con dificultad – es demasiado peligroso niño… hueles a… - Soy como tú – revelé y su mirada de sorpresa pudo notarse aun en medio del cansancio con que mantenía abiertos sus ojos - ¿Quién te hizo esto? ¿Fue ese tipo de la gabardina? ¿El de cabello castaño y barba incipiente? – Le pregunté. - Mi sobrina… él está buscando a… - su voz se cortó y sus ojos se cerraron. Suspiré cansando y triste por haberlo visto morir y sentir como se había desvanecido su aroma. Dejé de ver su aura y entonces lo llevé al lago. Lo sumergí hasta el cuello y me concentré mientras mis ojos se volvían de color plateado como mi cabello. - Por el poder que me has conferido gran fuerza mística, hoy te hago entrega de este cuerpo… permíteme conservar su alma – recité un viejo ritual que me había enseñado mi madre por indicación de mi padre. Cuando nací, se me fue otorgado un amuleto con forma de vogel hecho de amatista, el cual siempre llevaba colgando de mi cuello como un collar. Según mi mamá, este amuleto era un recipiente otorgado por la fuerza mística a mi padre. Este recipiente fue hecho con un solo propósito y solo yo podría usarlo por medio de uno de mis dones de sangre. Resulta que nací con la capacidad de separar el alma del cuerpo. Mamá dijo que esto era importante porque una vez que encontráramos al Huargo que puede hacer renacer las almas, entonces podríamos revivir a aquellos cuyas almas hubiera almacenado en mi amuleto. Dicho eso, aquellas palabras que recité, eran parte del ritual para separar el alma de cuerpo al tiempo que este último se convertía en parte de la energía mística de nuevo y se desvanecía. Y una vez que tenía su alma en mis manos, podía resguardarla en mi amuleto. Así que, una vez recitadas, el cuerpo de aquel hombre comenzó a desvanecerse dentro del agua, convirtiéndose en partículas de energía de color azul místico. Literalmente se estaba convirtiendo en energía mística. Y finalmente, cuando llegó hasta su cabeza, esta se desvaneció mientras yo la sostenía entre mis manos, y el alma de aquel hombre había quedado en medio de ellas una vez que desapareció por completo su cuerpo. Sostuve la bola de energía en mi mano derecha mientras con la izquierda saqué el amuleto y simplemente lo acerqué hasta el alma, haciendo que la absorbiera. Me levanté, me sacudí el polvo y miré por encima de mi hombro. - Ya va siendo hora que dejes de espiarme – dije y el hombre de antes volvió a aparecer frente a mis ojos. - Así que lo notaste – dijo él. - Te noté desde que comenzaste a seguirme cuando entré al bosque – repliqué volteando a verlo. - Vaya… eres bueno niño… te han enseñado bien. - No tienes la menor idea de lo que soy capaz – le dije mirándolo con seriedad. - Eso puedo verlo claramente niño… ¿Qué rayos fue lo que hiciste? - No tengo razones para darte ninguna explicación – repliqué y me viré para marcharme pero apareció junto a mi cortándome el paso. - Yo no te recomendaría darme la espalda niño… ahora que no está tu mamá, nadie puede defenderte de… Su cuerpo voló hasta el otro lado del lago y se estrelló contra la roca de la montaña junto a la cascada. Le corté el habla con una patada en el estómago que lo mandó a volar. Entonces salté por encima de las rocas y llegué hasta donde estaba él. - Mi mamá te advirtió que aunque sigo en entrenamiento, soy muy poderoso. No tengo nada en tu contra y no me interesa si tu mataste a ese sujeto, pero no vuelvas a meterte en mi camino, o te mataré – le dije sujetando el cuello de su gabardina y mirándolo a los ojos con una profunda y aterradora mirada asesina que provocó un aroma a miedo en él que me causó risa. Entonces me marché y llegué a casa. Mi mamá me miró y me hizo un gesto de inquisición para saber de mi progreso. - La encontré – le dije y ella sonrió orgullosa – aunque por el momento será imposible contactarla. - Lo supuse al no poder detectar su aroma. Pero lo importante ahora es que sabemos que está aquí – dijo mi madre – respecto a lo otro… ¿Hallaste al otro sujeto? - Si, lo hice… en efecto el tipo de la gabardina lo asesinó… tengo su alma en mi amuleto. - ¿Estás seguro que fue el de la gabardina cariño? - Lo estoy mamá… me siguió y estuvo espiándome desde que entré al bosque. - Tendremos que ser muy cautelosos entonces – dijo ella. - No creo que sea un problema. - Aun así preferiría que seamos cuidadosos con él.  - Está bien madre – dijo el pequeño mirando con una sonrisa de complacencia.  Entonces su madre lo llevó hacia el comedor de su nuevo hogar en donde los esperaba una deliciosa comida para celebrar su primer día en aquel nuevo lugar para ellos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD