Los anfitriones comenzaron a saludar a cada persona en cada mesa, éramos tantas personas ahí, que sentí pena por ellos.
En el tiempo en que ellos saludaban, Laura se acercó la mesa de mi familia.
—Andrew —llamó mi atención.
—¿Si? —intenté responder amable pero lo cierto era que esta mujer ya me tenía irritado, quizás por eso no he tenido nunca una relación.
— ¿Ya puedo sentarte conmigo? — preguntó, cuál bebé.
—Hijo, quién es esta hermosa señorita — Jon había notado la presencia de Laura y no quería, luego la tendría que presentar y mi familia adoptiva se harán ideas.
—Una clienta, Laura Lodge — la presenté como lo que era.
La chica a mi lado tendió la mano siendo estrechada por la de mi padre.
—Jon Stanfford — le sonrió.
Desde hace años que mi padre o bueno, Jon, hace comentarios a cerca de mi vida amorosa la cual, por enésima vez, no existe.
— ¡Jon! — escuché cómo una voz masculina gritaba con suma confianza el nombre del mayor.
— ¡Germán! — respondió éste eufórico.
Si, eran buenos amigos ya, ¿este era mi fin?
—Te presento a mi familia, amigo — Jon nos fue presentando uno a uno a los Lambert dejándome de último.
—Y por último, pero no menos importante, de hecho este niño es la inteligencia en persona, Andrew — finalmente estreche mi mano con aquel hombre.
—Es un gusto Andrew, soy Germán Lambert, está es mi esposa María Fernanda —oh, otra Fernanda, pensé— Mi hija mayor, Juliana y la pequeña Daniela — cuando dijo el nombre de la última tuve que contener todas mis ganas para no reír descontroladamente por el tono que había usado, tan tierno como si se tratará de una bebé inofensiva.
—El gusto es todo mío — estreche la mano de cada m*****o de esa familia, incluida Daniela.
En los altavoces del jardín de escuchó una balada preciosa.
Destino o Casualidad de Melendi daba inicio. Amaba esa canción.
—Hermosa balada, ¿no? — Germán preguntó, a lo que asentimos.
— ¿Por qué no bailan? — Jon habló mirándonos.
¿Bailar, quiénes?
—Sí, Juliana baila con Christian y Andrew, con Daniela — Germán propuso emocionado.
— ¿Qué? No — reí.
—Bueno, yo no tengo problema — Christian me traicionaba por primera vez y por una chica, peor aún, una Lambert.
—Yo, no sé bailar — me excuse, pero era ridículo todos en mi familia sabían que yo bailaba a la perfección.
—Andrew... — el tono de Jon me decía todo, a bailar.
Pero justo cuando iba a aceptar la boca de Daniela Lambert tenía que abrirse.
—No importa, señor Stanfford, si su hijo no sabe bailar buscaré a alguien más, que esté a mi medida — sonrió descaradamente
mirándome de arriba abajo.
No había pasado ni un día y cada segundo cerca de esa mujer, me caía peor.
—Mis disculpas señorita Daniela, a veces bailar con personas como usted, me da cierta vergüenza pero por favor, permítame esta pieza — extendí mi mano, después de dudarlo, y sin tomar mi mano se dirigió a la pista de baile por lo que sólo la seguí sonriendo.
—No tienes idea de cuánto te odio — soltó en cuanto la tomé de la cintura y nuestros cuerpos, comenzaron a moverse de forma lenta acompañando la balada.
—Es mutuo — respondí.
Estar bailando una de mis canciones favoritas con la persona que odio realmente no era una buena combinación.
—Dos extraños bailando bajo la luna
Se convierten en amantes al compás
De esa extraña melodía
Que algunos llaman destino
Y otros prefieren llamar casualidad — comencé a cantar el coro en su oído y sentí su cuerpo tensarse, por lo que decidí apretar mi agarre en su cintura.
—La noche se hizo día, pero no se fue la luna, se quedó a verlos apoyada en el hombro del sol, alúmbrales con fuerza, brilla todo el día, y cuando llegue la noche yo sellaré su pasión — Seguí mi canto mientras seguíamos bailando.
Daniela no bailaba tan mal, pero podría tener mis quejas.
— Dos extraños bailando bajo la luna
Se convierten en amantes al compás
De esa extraña melodía
Que algunos llaman destino
Y otros prefieren llamar, casualidad — Esta vez me sorprendió ella cantando, tenía una voz melodiosa.
— Y bailan, sin que les importe nada que suceda alrededor. Y bailan
Y la gente que les miran va creyendo en el amor — continué yo
— Dos extraños bailando bajo la luna
Se convierten en amantes al compás
De esa extraña melodía
Que algunos llaman destino
Y otros prefieren llamar, casualidad
Y otros prefieren llamar, casualidad — La última estrofa la cantamos juntos, moviéndonos al son de la balada y, obteniendo muchas miradas. Casi parecía romántico, casi.
Cuando la canción dio fin, nos separamos y por un momento nos miramos, aún ella agarrada de mi hombro y yo de su cintura. Laura dio fin a nuestro contacto aproximándose a nosotros.
— ¿Me permites, amiga? — preguntó a Daniela la cual asintió y se retiró dejándome con la peli negra.
De nuevo se escuchaba una balada por los altavoces, pero esta vez era One de Ed Sheeran.
Maldije el momento en que la castaña me dejó con su amiga, claramente la odiaba pero la toleraba más que a su amiguita.
—Es hermosa esta canción, ¿no crees? — preguntó
—Si — respondí sin más, estar con ella me mareaba y no de una buena forma.
El resto de las canciones, tuve que seguir en esa pista con Lodge, en cambio mi hermano se veía feliz de estar con esa tal Juliana, Brandon andaba también en conquista de alguna chica y Tiffany, ya se estaba alcoholizando, como había dicho antes, el papel de hacer el ridículo o dejar mal a la familia ya lo tenía esa niña.
—Uf, ¿me permites ir al baño? — pregunté a mi acompañante fingiendo hacerme del baño pero sólo quería librarme de ella.
—Por supuesto — accedió con una sonrisa — te estaré esperando por acá — señaló algún lugar en el que no puse atención.
No sabía dónde estaban los baños de esta casa, por lo que me atreví a recorrerla hasta llegar a la biblioteca, yo amaba los libros y cualquier biblioteca que veía debía inspeccionarla.
— ¿Otra vez, invadiendo propiedad privada? — una voz a mis espaldas me detuvo al querer entrar.
—No, esta vez tengo autorización — me giré para enfrentarla.
— ¿Ah sí? No recuerdo haberte dado mi autorización — dijo fingiendo pensar.
—Oh, — llevé mi mano a mi saco y saqué la invitación oficial para la fiesta — No necesito tu autorización, acá esta una firmada por tus padres — le guiñe un ojo.
Eso pareció desestabilizarla, comenzó enojarse.
—Da igual, está también es mi casa — protestó.
Rodeé los ojos, suspiré y guardé la carta para meter mis manos en los bolsillos de mi pantalón.
—Eres tan malcriada Daniela Lambert — bufé, le di la espalda para salir de la casa y volver al jardín.
— ¡Y tú eres tan odioso! — gritó a mis espaldas pero ya no le iba a poner atención.
Cuando volví al jardín vi todo tal y como estaba cuando hui de allí.
A este punto ya quería volver a casa, no quería seguir bailando con Laura y no quería seguir conviviendo con Daniela.
Mi fiel hermano terminó abandonándome por Juliana, bailaban, se sentaban juntos, comían, bebían, estaba feliz por él pero yo ya quería marcharme.
Dirigí mis pasos a la mesa familiar donde ahora era una mesa Lambert—Stanfford.
—Jon — llamé al mayor — ¿puedo retirarme? — pregunté.
—Andrew, justo hablaba con Germán para hacer un viaje juntos —sonrió evadiendo mi pregunta.
—Amm... Qué bueno, que les vaya bien — sonreí.
—No, —el hombre sonrió— Jon quiso decir todos, nuestras familias — aclaró Germán.
Excelente.
¿Por qué el mundo se empecino en que pasara más tiempo con Daniela?
—Me parece una idea fantástica — opine con falsedad.
— ¡No se diga más entonces! — exclamaron ambos eufóricos.
Sabía lo que estos dos hombres con canas intentaban, querían no sólo unir a nuestras familias por medio de negocios, también
querían hacerlo por medio de lazos más personales.
Seguramente Christian y Juliana iban a caer ahí pero Daniela Lambert y yo, jamás.