Hannah Mis nudillos arden mientras golpeo a mi hermana. Cada puñetazo es un eco de mi dolor. Ella es la culpable de que Hermes esté muerto, lo sé. La habitación huele a sudor y miedo. Astrid, con los ojos desorbitados, me mira. Su cabello está enmarañado, y su rostro lleva marcas de mis golpes. Pero no se rinde. Nunca lo hará. Es una superviviente, como yo. —¿Por qué?—le grito cuando ella logra apartarme de un empujón, mi voz rasgada mientras la miro jadeando por aire—. ¿Por qué lo hiciste, enferma? ¿Por qué asesinaste a Hermes? Pese a todo, ella sonríe. Una sonrisa retorcida que me revuelve el estómago. —Solo di la orden—dice.—No lo maté con mis propias manos. Eso es diferente. Diferente. La palabra resuena en mi cabeza. ¿Cómo puede ser diferente? Hermes está muerto, y ella es la r

