Hermes —¡Llamen a una ambulancia! ¡Por Dios! ¿Qué sucedió? El sonido distante de voces y pasos resuenan en mis oídos, pero todo parece distorsionado, como si estuviera atrapado en un sueño febril. Mis manos se aferran al suelo en un intento desesperado por encontrar estabilidad, pero todo lo que encuentro es el frío y la dureza del suelo bajo mis dedos. El tiempo se convierte en una neblina difusa, cada segundo un tormento de incertidumbre y angustia. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que caí? ¿Dónde está mi familia? Las preguntas se amontonan en mi mente, pero las respuestas parecen escaparse entre mis dedos, como arena que se desliza inexorablemente. —M-mi familia… ¿Dónde está mi familia?—logro formular la pregunta con dificultad. Reconozco al hombre arrodillado a mi lado: es el camari

